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Una ‘compañera’ de la princesa: “Va a recibir la misma educación que yo, una niña de un pueblo gallego y de clase trabajadora”

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Patricia Pereda – NIUS Diario

  • “Me dieron el 100 % de la beca. Mis padres no hubieran podido pagar esa experiencia que cambió mi vida”, dice Sara Parcero, exalumna de Colegios del Mundo Unido

  • Coral Peral asegura que es algo muy enriquecedor: “Convives con gente de muchos países, diferentes religiones y estratos sociales”

“Recuerdo cada sensación que tuve, cada minuto vivido durante la selección, los nervios, cómo me preparé, para mi era importante conseguirlo y lo hice”, cuenta la gallega Sara Parceiro, que ahora tiene 28 años. “Soy quién soy gracias a la experiencia que viví en Colegios del Mundo Unido”.

Sara Parcero Leipes es de Moaña, un pequeño pueblo de 19.000 habitantes de las Rías Bajas. Familia trabajadora -“aquí la mayoría son marineros”-, es la cuarta persona del pueblo que ha ido a uno de los Colegios del Mundo Unido, la fundación donde va a estudiar el Bachillerato Internacional la princesa Leonor. “En porcentaje, Moaña se lleva la palma”.

No quiere hacer propaganda, ni vender algo que no es, pero cuando habla, hay tanta pasión en su voz que pone los pelos de punta. Lo mismo le pasa a Coral Peral, de 25 años y exalumna del colegio de Gales, el UWC Atlantic College de Gales, el mismo al que irá la princesa de Asturias. Es de un pequeño pueblo de Cantabria, Matienzo, sus padres son ganaderos y “jamás hubieran podido permitirse que yo estudiara fuera o tuviera esta oportunidad si no es por la beca entera que me concedió Colegios de Mundo Unido”.

Madurez personal, compromiso social, interés y respeto por otras culturas, iniciativa y creatividad son algunos de los requisitos valorados para ser alumno de Colegios del Mundo Unido. Sara Peralta explica que “la hija de un amigo de mi padre había ido al colegio de Hong Kong, un día con 15 años me tomé una cocacola con ella y me contó su historia. Al día siguiente empecé a preparar mi solicitud. Pensé: ‘Eso lo tengo que hacer yo”.

Sara con un grupo de niños

“Envié la solicitud hace 12 años por correo ordinario. Rellené todas las preguntas y les dije que quería convivir con jóvenes de todo el mundo, que no solo quería aprender de los libros sino también de las personas y que pensaba que el mundo era algo más que mi pueblo. Y me cogieron. Ahora lo pienso y me impacta, cómo con 16 años podía tener las ideas tan claras y decir esas cosas”, recuerda Sara.

Su abuelo y su tío eran marineros de altura. Han viajado por todo el mundo y siempre la contaban historias de fuera. “Pues un alemán me contó esto y un francés me enseñó lo otro. Yo necesitaba eso, quería ver mundo y conocer personas de todo tipo”.

Becadas al 100 %

Y así fue como Sara fue una de los 50 preseleccionados que fue a Madrid un fin de semana para hacer las pruebas presenciales. Un test de cultura general, uno psicológico, una entrevista personal y un proyecto social que les identificara con la sociedad. “En mi pueblo en aquella época había habido varios casos de violencia machista, así que preparé un proyecto sobre una casa de acogida para las víctimas de la violencia de género. Me acuerdo como si fuera ayer”.

Toda la vida en un colegio público y en un instituto público. Coral y Sara recuerdan cómo sus profesores se implicaron en esto. “Hacían de tribunal, me preguntaban cosas, me ayudaron muchísimo”, dice Sara. Y un martes a mediodía recibió la llamada. Estaba dentro. “Mis padres no hubieran podido pagar esa experiencia”. Y cambió su vida. Las dos fueron becadas con el 100 %.

Sara, ex alumna de Colegios del Mundo Unido con sus amigos en EEUU.

El colegio de Gales es como Hogwarts

“Lo más enriquecedor de esta experiencia es la diversidad, la gente que conoces que de otra forma no podrías”. El colegio es un castillo rodeado de naturaleza. “La verdad es que es precioso, se parece a Hogwarts”, cuenta Coral. Es un campus muy grande con el mar al lado, por eso hay acantilados y está la posibilidad de hacer de guardacostas. Son varias casas de 50 personas cada una y con habitaciones para cuatro. “Alemania, Jordania e India. Esas eran mis compañeras. Un ambiente muy estimulante que da cabida a muchas ideas diferentes. Te abre mucho la mente y las oportunidades”, dice Coral.

Coral en el colegio de gales de Colegios del Mundo Unido.

Ella destaca del colegio de Gales los servicios a la comunidad que tuvo la posibilidad de realizar. Fue voluntaria de guardería y participó en actividades al aire libre con personas refugiadas. También tuvo la posibilidad de hacer salvamento marítimo o de ser guardacostas. “Es un mundo de posibilidades”.

Para ello tuvo que formarse  como monitora y socorrista. El programa del colegio incluía participar en actividades extraescolares, al menos tres por trimestre. Algunas de su elección fueron apicultura, italiano, colaboración con organizaciones sociales como Amnistía Internacional, defensa personal o animación. Coral asegura que estaba muy nerviosas pero que al llegar vio que todo era más fácil de lo que esperaba. “Te sientes muy arropado y el ambiente es acogedor”, asegura esta ex alumna del colegio de Gales.

Un colegio en las Montañas Rocosas

Sara había hecho un ranking de los tres colegios a los que prefería ir: EEUU, Canadá y Hong Kong. Finalmente le tocó el colegio de Nuevo México, en EEUU. “Cuando me dijeron que estaba en Las Vegas, recuerdo a mi padre en el aeropuerto dándome una tarjeta de crédito para emergencias, por si íbamos al casino y teníamos algún problema. Pero cuando llegamos al colegio, en medio de las montañas rocosas, y vi que allí no había casinos, lo primero que hice fue llamar a mi padre; ‘tranquilo papá, la tarjeta está a salvo”, cuenta entre risas Sara.

La experiencia fue formidable, increíble, alucinante. Sara no se cansa de decir adjetivos. “Tú sabes lo que es estar en clase y poder preguntarle a un alumno como vivieron sus padres la caída de Muro de Berlín, o a otro qué pasó con su abuelo en la Segunda Guerra Mundial. Eso son experiencias que no las hubiera tenido nunca, que no están en los libros”.

El marco era precioso. Habitaciones de cuatro alumnos, y cada uno de un sitio, calor por el día y frío en por la noche, en medio de la montaña. Los fines de semana había autobuses que los llevaban al pueblo. El bachillerato internacional es muy riguroso académicamente. “Elegí economía, ciencias medio ambiente, matemáticas, ingles e historia”, recuerda Sara.

Coral en una de las puertas del colegio de Gales.

Trabajar con la primera senadora latina de Minnesota

Uno de los puntos imprescindibles en estos colegio es el trabajo social. Sara eligió el primer año una residencia de ancianos y un comedor social de la iglesia del pueblo. “Una noche se inundó y más de 50 alumnos trabajamos sin descanso todo el fin de semana para que el lunes se pudiera volver a abrir el comedor que tanta gente necesitaba. Nos sentíamos tan realizados. El pueblo estaba tan agradecido. Y todo con 16 años.

El segundo año decidió crear un grupo de trabajo para apoyar a los colegios bilingues de la zona, para que practicaran el español y conocieran la cultura y la diversidad que hay en cuanto a países hispano hablantes. Y aprobó el bachillerato y se quedó en EEUU otros ocho años más. Cuatro en la universidad de Minnesota, becada también al 100% con la beca de Kofi Annan. Estudió el doble grado de Ciencias Políticas y Relaciones Interncionales. Al terminar se puso a trabajar en política social con las con la primera senadora latina del estado Patricia Torres Dry, que sigue siendo senadora y es como mi madre en EEUU.

“Se abren muchas oportunidades”, dice Coral. Al finalizar en Gales, y gracias a mi paso por el colegio me dieron una beca completa para estudiar en Estados Unidos. Hizo un doble grado en Psicología y Arte en St. Lawrence University, en el estado de Nueva York. También ha sido voluntaria en un centro de reserva de elefantes en Tailandia. Después se fue a Costa Rica de profesora en un colegio rural de allí. Ahora está terminando un Máster en neuropsicologia. “Quiero que la educación sea accesible a todo el mundo”.

Una experiencia única

Las dos ex alumnas señalan que su paso por Colegios del Mundo Unido les abrió la puertas al mundo y unas oportunidades que de otra forma no hubieran ni soñado. “Es una experiencia única, aunque por supuesto, no es la única experiencia. Te cambia completamente, soy quien soy gracias a esta experiencia”, asegura Sara. “Creo que es algo enriquecedor tanto para mi como para una princesa. No creo que de otra forma tuviera la posibilidad de convivir con refugiados o con gente de todos los estratos sociales. Eso si, creo que para vivirla a tope se requiere cierta madurez”, indica Coral.

A los diez años Sara se levantó un día y se dijo; “llevo mucho tiempo fuera, no se como es vivir en mi país, echo de menos a los míos y volví a España. Ahora trabaja en una startup que fundó otro ex alumno de Colegios del Mundo Unido que se dedica a ayudar a jóvenes emprendedores de todo el mundo a sacar sus negocios y sus ideas adelante. “Es un incubadora de emprendimiento social. Operamos a nivel mundial y hemos servido a casi 2000 emprendedores en todo el mundo”.

Sara en la sede de la ONU en Nueva York.

“La verdad, que la princesa de Asturias haya elegido a Colegios del Mundo Unido para estudiar me parece fenomenal. Nos ha dado visibilidad. La Princesa va a recibir la misma educación que yo, una niña de un pueblo de Galicia de familia trabajadora”. Sara y Coral, señalan que esto es un reto con mayúsculas, “te enfrentas a muchas sensaciones, a muchos momentos bueno pero también malos, hay que tomar decisiones solo, hay momentos difíciles y eso te enseña mucho. Que la princesa lo haya elegido habla muy bien de ella. Y creo que también de nosotros y de lo que defendemos”, concluye Sara.