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Senterada, el pueblo que busca la autosuficiencia alimentaria: “Al confinarnos temimos quedarnos sin comida”

Los vecinos trabajando en los huertos ecológicos el verano pasado
Los vecinos trabajando en los huertos ecológicos el verano pasado

Ariadna Reina Garcia – NIUS Diario

  • Vecinos y personas vinculadas a este pequeño pueblo del pirineo catalán se han unido para cultivar huertas ecológicas colectivas y lograr la autosuficiencia

  • Ya han recuperado cuatro huertos cedidos , han empezado a hacer un gallinero móvil y han decidido que todos los jardines y bosques del pueblo sean comestibles

  • El proyecto surge en plena pandemia ante el temor de quedarse sin el suministro de bienes de primera necesidad

El confinamiento durante la primera ola de la pandemia dejó a muchos pueblos de montaña aislados y con el temor a quedarse sin el suministro de bienes de primera necesidad. La paralización total de la vida durante los meses más duros afectó sobre todo a aquellas zonas donde los vecinos están obligados a desplazarse a otros municipios cercanos para ir a comprar alimentos. Supuso un antes y un después en la vida de muchas personas, tanto que incluso hubo quien optó por cultivar su propias frutas y hortalizas. Esto es lo que hicieron los vecinos de Senterada (Lleida), un pequeño pueblo del Pirineo catalán que ha puesto en marcha una iniciativa para lograr la autosuficiencia alimentaria recuperando terrenos en desuso para hacer huertos colectivos.

“El proyecto surgió en plena pandemia al ver que quizás no nos iban a llegar los alimentos al pueblo. Pensamos que nuestros abuelos habían sido totalmente autosuficientes y con esta inquietud nos reunimos gente del pueblo y vimos que teníamos la necesidad de trabajar la autosuficiencia crear un pueblo más saludable donde se dinamicen las autonomías locales y también para fijar más población”, explica Mireia Font, una de las vecinas precursoras del proyecto. Con este propósito en mente, lo primero que hicieron fue crear un grupo de Whatsapp para buscar soluciones y alternativas. Poco después, formaron la asociación ‘Senterada municipi viu i sostenible’ (Senterada municipio vivo y sostenible) y desde ese día no han perdido el tiempo.

Jardines y bosques comestibles

El proyecto arrancó en verano del año pasado y hasta el momento la asociación ya ha conseguido más de 170 socios, entre vecinos y personas que guardan alguna relación con el municipio. Y es que de forma habitual en Senterada solo viven 50 vecinos, pero durante el verano muchas personas tienen su segundas residencias y al enterarse de la iniciativa no han dudado en sumarse y colaborar. “Hay niños, jóvenes, matrimonios jubilados con segundas residencias que han venido a pasar la pandemia aquí y se han implicado muchísimo. Es bonito ver que los huertos que estaban en desuso ya parecen otra cosa y ver gente por el pueblo. Antes paseabas y no podías decir buenos días a nadie y ahora siempre encuentras a alguien”, explica María Ruiz, maestra jubilada y la voluntaria de más edad.

María Ruíz. voluntaria de 'Senterada municipi viu i sostenible'

En la asociación se busca trabajar la autosuficiencia alimentaria a partir de tres ejes principales: recuperar los huertos del pueblo en desuso, hacer que los jardines municipales sean comestibles y llenar los caminos colindantes al municipio de plantas comestibles para enseñar cómo sacarle el máximo partido. “Hablamos con los propietarios de los huertos abandonados e hicimos acuerdos de custodia donde la asociación se compromete a cultivarlos para dar acceso a productos ecológicos a los vecinos. En total ya tenemos unos 4.000 metros cuadrados de huerta”, explica Mireia Font.

Pensamos que nuestros abuelos habían sido totalmente autosuficientes y con esta inquietud nos reunimos gente del pueblo y vimos que teníamos la necesidad de trabajar la autosuficiencia, crear un pueblo más saludable

También han empezado a construir un gallinero móvil y han decidido junto con el ayuntamiento hacer que todos los jardines municipales sean comestibles, introduciendo la planta ornamental tradicional comestible y la planta silvestre comestible (como el romero o las collejas) para que los vecinos las conozcan y puedan volver a aplicarlas a la cocina. “Más adelante nos gustaría que toda la red de caminos que tiene el municipio y que nos unen con los pueblos de al lado pongan en valor estas plantas silvestres en su hábitat natural. Poniendo cartelitos para empezar a hablar de estos bosques comestibles“, añade Mireia.

Voluntarios trabajando en la huerta

Desde la asociación reconocen que es un proyecto ambicioso, pero consideran que la buena acogida que ha tenido dará buenos frutos y se logrará el objetivo final. “Decidí apuntarme porque soy del pueblo, estoy sola y con esta pandemia todas las actividades que hacía se suspendieron. Durante el confinamiento lo pasamos muy mal porque no podíamos ir a comprar a Pobla, el pueblo de al lado, algunos vecinos nos traían alimentos a los que éramos de riesgo y no podíamos salir. La pandemia a mí me ha limitado mucho pero este huerto me ha abierto el alma. Soy la más mayor y de trabajo físico puedo hacer poco, pero siempre que puedo colaboro, hablo con la gente, riego, planto, saco alguna hierva. Se ha generado una relación social muy bonita”, celebra María.

Relaciones intergeneracionales

La voluntaria asegura que el actual cultivo ecológico no se parece nada a la huerta tradicional y han tenido que aprender muchas cosas nuevas. La Escola de Captació Agrària del Pallars les ha ofrecido un curso de formación de huerta ecológica de montaña con el asesoramiento de la Asociación L’Era. Además, desde el Serveis Centrals d’Ocupació de Catalunya (SOC), han recibido un ingeniero agrícola del programa de Garantía Juvenil que les ayuda con las técnicas durante todo el proceso. “Yo creo que sí que vamos a poder lograrlo, el chico que ha venido ha sido hortelano y trae unas ideas muy chulas y diferentes”, dice María.

Vecinos trabajando en la huerta el verano pasado

La mayoría de los voluntarios tienen la misma sensación de María. Todos están muy motivados e incluso hay quien no ha querido volver a su residencia habitual. “Algunas personas de Barcelona han preferido quedarse en Senterada para terminar el gallinero”, explica a NIUS la responsable del proyecto, “lo bonito son las relaciones intergeneracionales, el proyecto logra esta unión social que a veces en los pueblos de montaña cuesta mucho entrar en la comunidad”, añade.

En el proyecto participan tanto personas jubiladas como María como jóvenes que no residen en el municipio pero acostumbran a pasar el verano. “Creo que lo que he encontrado más bonito de todo ha sido ver cómo nacían estos primeros vínculos entre vecinos que no tenían un proyecto común donde relacionarse. Personas de todas las edades nos hemos reunido en los huertos y hemos aprendido de los más mayores. Los jóvenes a veces pensamos que lo sabemos todo pero, en los temas de la tierra, debemos escuchar a los padrinos y las madrinas. Creo que si las escucháramos más, y no sólo cuando nos hablan sobre los huertos, seríamos algo más sabias”, reflexiona Mireia Mauricio, una de las voluntarias más jóvenes que se encarga de llevas las redes sociales.

La pandemia a mi me ha limitado mucho pero este huerto me ha abierto el alma. Soy la más mayor y de trabajo físico puedo hacer poco, pero siempre que puedo colaboro

Tanto Mireia como María se imaginan un futuro donde la autosuficiencia alimentaria sea una realidad. Su idea es que se genere un banco del tiempo donde los vecinos a cambio de horas de trabajo voluntario en la huerta puedan acceder a los alimentos para su familia. “El resto de los alimentos se darán a un precio justo a los socios del proyecto y el día de mañana si hay un excedente se dará a causas sociales, escuelas o residencias para que empiecen a trabajar la alimentación de manera sana y saludable. También la idea para el día de mañana es crear un pequeño mercado”, explica Mireia.

Los voluntarios más jóvenes tampoco dudan en que si se esfuerzan conseguirán alcanzar la autosuficiencia. “Al principio, cuando se empezó a imaginar el proyecto, todo parecía un sueño, una idea muy chula que deseábamos que se hiciera realidad. Ahora, unos meses más tarde, tenemos parcelas preparadas para sembrar y plantar, un gallinero casi terminado. Lo estamos logrando con el esfuerzo y la ilusión de vecinas, veraneantes y personas de otros pueblos de alrededor. Así que creo que, si queremos que sea posible, lo conseguiremos”, añade Mireia Mauricio, la voluntaria más joven.

Horas de trabajo a cambio de alimentos

La intención de la asociación es que a la larga se puedan comprar infraestructuras como invernaderos para poder cultivar durante todo el año y que todas las verduras y hortalizas para las necesidades del pueblo provengan de la huerta. Durante los meses fríos las temperaturas en Sentereda son muy bajas y en verano es cuando la producción es más buena. “El invernadero nos iría muy bien porque en invierno, que solo somos 50 personas, podríamos abastecer a todo el mundo con poca producción”, calcula la responsable.

Vecinos preparando la huerta para el cultivo de este año

El proyecto “Senterada Comestible” ha sido seleccionado por ‘Matchfunding Arrela’t a l’Alt Pirineu i Aran’ un programa de micromecenazgo en el que la administración equipara las donaciones de la ciudadanía hasta un máximo de 4000 euros. Este incentivo ha sido fundamental para financiación de la iniciativa ya que en la primera ronda ya han conseguido casi alcanzar su presupuesto inicial que era de 8.605 euros y solo les ha faltado nueve euros para lograr el óptimo. Esta cantidad la destinarán para herramientas y semillas, y mientras llega el dinero las tiendas de pueblos vecinos, como algunas de La Pobla de Segur, les han fiado el material que necesitan.