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Sánchez y Casado se replantean su relación ante la amenaza de avance de Vox

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Juan Antonio Nicolay – NIUS Diario

  • El presidente reclama un centro derecha potente para “contrarrestar la emergencia de la ultraderecha”

  • El líder del PP habla de un “nuevo comienzo” a punto de cerrar el acuerdo para la renovación de los órganos constitucionales

En política lo que se dice una vez puede ser casual. Lo que se repite ya es un indicio. En este caso, las dos veces consecutivas en las que el presidente del Gobierno ha insistido en que no le alegra “que al PP le vaya mal ni en Cataluña ni en España” invitan a pensar que socialistas y populares se encaminan (si no están ya de facto) hacia una nueva fase en sus relaciones.

Los pronunciamientos de Sánchez han sido primero en el Senado y luego en el Congreso. Esto es, en un entorno institucional. A un paso de resolver mediante acuerdo la renovación del Consejo General del Poder Judicial. Superadas las elecciones catalanas y sin más citas electorales a la vista. En un contexto, además, en el que la crisis sanitaria afloja, y el Gobierno cuenta con Presupuesto y dinero europeo para afrontar, mejor o peor, la que se avecina.

Para Sánchez, es evidente, las cosas han cambiado y no parece que su pretensión sea que para que todo siga igual. Respira, y ha dejado ver que le interesa redecorar su vida, como decía el anuncio, que es la idea que transmiten sus últimos, insistentes, mensajes a los populares. No solo eso de que no le alegra verles “desaparecer de territorios enteros”. También su invitación formal a Casado, escenificada en la comparecencia de este miércoles para hablar de la pandemia, a “convivir”. Lo de que España “necesita un centro derecha potente” y su propuesta de “recorrer juntos el tramo final de esta desgracia”.

El virus ha causado estragos en lo sanitario y lo social. Han sido sus principales consecuencias. Pero ha polarizado además la política, que se enfrenta a la nueva normalidad con un detalle anómalo. La amenaza rampante de Vox, ratificada en las elecciones catalanas imponiéndose en escaños a PP y Ciudadanos. “La ultraderecha no es ninguna broma”, le dijo Sánchez a Casado, y ya de paso a la líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas, aportando una clave del porqué de su interés de restablecer puentes con la derecha convencional. Quizás la esencial.

Cuando Sánchez le dice a Casado: “No somos el enemigo”, lo que le ha venido a decir es que el enemigo es otro, y está en su propio terreno parlamentario: se llama Vox. “Se necesita un centro derecha potente que contrarreste la emergencia de la ultraderecha”, ha advertido el presidente, que tan pronto como pasaron las elecciones catalanas levantó el teléfono para llamar a Casado y reactivar la negociación sobre el poder judicial y otros órganos constitucionales.

La llamada fue el kilómetro cero

Esa llamada fue, de alguna manera, el kilómetro cero en la pretendida reconducción de las relaciones Gobierno-PP. Del cambio de clima que Sánchez ha buscado luego con palabras condescendientes y, eso sí, pendiente de confirmar.

A Casado, de hecho, la invitación le pilla a pie cambiado: con malos resultados electorales, una tormenta judicial, un discutido anuncio de traslado de sede… Con un proyecto de aproximación a Ciudadanos y la presión cada vez mayor de Vox, que ha intuido signos de debilidad y llegó a amenazar incluso con una segunda moción de censura para volver a poner a prueba… no a Sánchez, sino al propio Casado.

No es un buen escenario para un golpe brusco de timón. Ahora bien, aunque menos explícito que Sánchez, Casado también ha emitido señales de que está por la labor de replantearse su relación.

La reanudación de las conversaciones para renovar los órganos constitucionales es la más evidente. También él reiteró este miércoles su oferta de pactos y su propuesta de un nuevo “comienzo” y refrendó en sede parlamentaria su ruptura con Vox. “He dado un paso adelante”, dijo, “y no voy a dar un paso atrás”. Todo ello antes de un cara a cara con Sánchez en la sesión de control que, de tan blando, sonó a tongo, aunque se puede atribuir a que ambos parecían desfondados tras seis horas de debate sobre el estado de alarma y la pandemia.

Para el caso, la cuestión es que las sensaciones de cambio llegan de ambas partes. Lo que no quita para que Sánchez y Casado mantengan su tensión dialéctica. Este miércoles se cruzaron graves acusaciones en la sesión parlamentaria –uno de “mentir”, otro de usar a la “víctimas”- y más aún sus subalternos a los que, en este tiempo de aparente deshielo entre los líderes, les toca escenificar las diferencias Gobierno-oposición. Que una cosa es encauzar las relaciones, entronizar a Casado como jefe de la oposición y achicar espacio a Abascal y los suyos… y otra pasarse.