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Reseña: ‘Ammonite’, el gélido romance entre Kate Winslet y Saoirse Ronan

'Ammonite'.
'Ammonite'.

Es injusto criticar una película comparándola con  otra, pero a veces esta comparación parece inevitable. Por coincidencia de tiempo, tema, tratamiento, son tantas las coincidencias que las mentes del espectador Ammonite (que se estrenará en Movistar + este lunes) y “Retrato de mujer en llamas” no se fusionan.

La obra de Céline Sciamma es una de las obras más aclamadas por la crítica después del Festival de Cine de Cannes de 2019, y una de las obras que más consenso ha recibido en el Festival de Cine de Cannes.

Es por eso que esta Ammonite llega a una estela. La película de Francis Lee -que fue seleccionada para el festival de Cannes cancelado por la pandemia- llega después de un trabajo tan redondo que es imposible no recordarlo todo el tiempo. Aquí también hay dos mujeres, estamos en el siglo XIX, y en lugar de una pintora tenemos una mujer que busca fósiles en el sur de Inglaterra. Lee también opta por los silencios y busca construir esta relación de amor entre dos mujeres en un momento en el que estaba mal visto, pero lo que funcionó y fue fuego en el trabajo de Sciamma, aquí es gélido entras en la relación.

ammonite.

 No puede ver el desarrollo de este amor. Sí, hay gusto por los detalles, se agradece lo sutil y la falta de subrayado. Pero lo que crece entre ellos no es visto por el espectador. Es imposible establecer una conexión porque la relación no crece gradualmente. Parece casi increíble que la mujer enferma interpretada por Saoirse Ronan de repente sienta una pasión incontenible por una Kate Winslet cerrada y siempre en el lugar que da vida a un personaje real, la pelontóloga Mary Anning. Cuando su relación explote, Ammonite crecerá. Cuando las caricias hacen efecto, cuando el juego de la mirada finalmente explota cuando Lee logra hacer entrar al espectador. El último tercio es emocionante, con dos escenas de sexo crudas y atípicas.

En la escena que cierra vemos a Winslet ir al museo a ver su obra. Un paseo por un pasillo lleno de cuadros de hombres. Ninguno de una mujer. Su rostro va pasando por delante del de todos ellos hasta detenerse y gracias a un plano precioso sustituirlo de forma física y metafórica. Un momento hermoso y emocionante que muestra el potencial que había en esta historia. Lee se queda a medias, no consigue lo que Sciamma logró, y eso acaba pesando en su contra.