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El periódico de España

Salvador SostresLa comedia de Pablo Iglesias con las pintadas y amenazas es una de las formas de llamar la atención más baratas que recuerdo desde que un día me marché en bicicleta de nuestra finca en Castelldefels hasta la hípica de Gavá, haciéndome como el ofendido y con la idea de quedarme a vivir en el pajar a cambio de cuidar a los caballos. El mío se llamaba Guerra y yo tenía 12 años. Las supuestas pintadas sólo las ha visto Pablo. Yo tuve pintadas en la puerta de mi casa y en la puerta de Semon de aficionados del Español ofendidos por una burla que hice de la segunda final europea que perdían. También inundaron mi calle de octavillas llamándome

lo más hermoso. ¿Me oyeron quejarme? Llamé al presidente del club, que entonces era Dani, y zanjamos el asunto. Hay que ser un poco varón en esta vida. Hay que procurar salir en los periódicos por algo más que por la pupita que te hace el dedito, por algo más interesante, a ser posible. A los Iglesias se les está cayendo el tenderete. Se le empiezan a ver las vergüenzas a Podemos, aunque su mera existencia es ya una vergüenza para cualquier democracia avanzada. Con lo que estos chicos fueron es humillante que tengan que recurrir a unos garabatos para hacerse notar. Con lo poderosos que se sentían, les ha de deprimir bastante verse en la necesidad de inventarse agravios por ver si se nos olvida su maldad organizada. Que Iglesias es un tramposo, eso lo hemos sabido siempre. Lo que estamos empezando a descubrir es lo acorralado que ha de sentirse para recurrir a añagazas tan burdas, tan baratas. Es gracioso lo poco que hemos tenido que tirar de la sábana para que se desvaneciera el fantasma. Mi hija, que tiene 8 años, aguanta mucho mejor la posición frente a sus maestras, y con mucho más honor. Yo siempre os dije que sin la turba, estos matones se vuelven hámsters asustados. Y corre, corre Pablo en la jaula. Corre como si aún creyera que la rueda va a moverse de su eje y va a llevarle a alguna parte. Se te ve Irán, Pablo, se te ve Venezuela. Se te ve, como te dije la semana pasada, que eres un hortera, y que a tu suficiencia de bar de Facultad se le ha acabado el fuelle. Nos ha bastado lo más obvio para comprarte, para convertirte en otro pobre diablo, oportunista y cobarde, dispuesto a cualquier contorsión para pagarte la vida plácida. Qué pase el siguiente. Eres una victoria del Sistema, Pablo. Pintadas, ¿qué pintadas? Y además, ¿qué importan unas pintadas? Nunca cambiaron de planes los que tú ibas a intimidar a sus casas. Nunca se rebajaron a hacer una rueda de prensa para explicarlo. Fueron más valientes, más discretos, menos horteras. En todo lo tuyo subyace la horterada y es imposible explicarte sin tu pésimo gusto, sin tu poca clase. Yo antes creía que tu militancia era un peligro y me costó entenderte en clave de farsa. Eres una pantomima de lo que presumes. Eres un cursi, un afectado, el pasacalle de las hermanas Catafalco con ínfulas intelectuales. Eres un quejica, un impostor, la burla chavista de tanta gente que cree de buena fe en ti y tú les exprimes para vivir tu vida de privilegio mientras ellos se sacrifican, comparten lo poco que tienen y son incapaces de ver de qué modo hiriente les desprecias y les insultas. Por supuesto que tu ideología es la más criminal de todos los tiempos pero tú no eres temible como soldado sino patético como payaso.