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Presiones para que Felipe VI ‘expulse’ a su padre de la Familia Real antes de otros escándalos

Cristina Coro

El Rey teme que le pueda explotar otra ‘mina’ próximamente. Sofía seguiría ocupando su puesto.

Todo el país está centrado en superar la pandemia que vivimos en España y en recuperar nuestras vidas, aunque sea fase a fase. La Casa de su Majestad el Rey no es una excepción. A su manera y dentro de los márgenes que marca la misma Constitución, aporta su grano de arena para combatir los efectos anímicos y sociales del coronavirus, como sucedió este lunes con la presencia de la reina Letizia como una voluntaria de la Cruz Roja.

Pero, lo cierto, es que no soplan buenos vientos dentro del Palacio de la Zarzuela por culpa del ‘patrón’, como se ha llamado desde siempre a Juan Carlos en el recinto de la Jefatura del Estado. La desescalada, en este caso, separando el destino de Felipe VI de los líos de su padre no es tarea fácil.

El pasado 15 de marzo, el Rey tomó la decisión más dura de su vida: romper con su padre, quitándole su asignación (cerca de 200.000 euros anuales) y renunciando a cualquier herencia que Juan Carlos pudiera dejarle cuando fallezca. Lo hizo en forma de comunicado cuando el diario conservador británico The Telegraph publicó la noticia de que Felipe VI era el titular de una cuenta bancaria de la Fundación offshore creada por el emérito.

Felipe VI solo le queda dar un paso más para romper con su padre y así salvar a la Corona, que es el que está creando una enorme tensión dentro de los muros de Zarzuela: que Juan Carlos deje de ser Familia Real y se convierta, simplemente, en Familia del Rey. Suena parecido pero no es igual. Sus hermanas, las dos Infantas, pasaron a denominarse así, Familia del Rey, el día de la proclamación de Felipe VI, el 19 de junio de 2014. Así quedaron sólo como Familia Real los Reyes, sus dos hijas y los Eméritos.

«El año pasado, cuando se produjo la retirada pública de Juan Carlos (el 27 de mayo de 2019), pensamos que el Rey iba a completar su decisión, apartándolo de la Familia Real. Pensamos que era un buen momento. Pero Felipe VI no quiso o no se atrevió a hacerlo. Se adujo que no quería dar una enorme disgusto a su madre, Sofía. Además, habría sido la puntilla a su padre. Pero ¿cuál será la siguiente mina que nos va explotar, el siguiente escándalo que saltará y aún desconocemos? Cada vez que salta un escándalo tenemos que empezar casi de cero en nuestro trabajo. Demostrar de alguna manera que Felipe VI, como así es, ignoraba todo», asegura una fuente del círculo cercano a la toma de decisiones en Zarzuela.

A sabiendas de que el actual monarca no puede despojar a Juan Carlos del título de Rey, como se hizo con la Infanta Cristina cuando le quito el de Duquesa de Palma de Mallorca, el emérito seguirá siendo rey hasta que se muera. La Constitución lo establece de manera muy clara: «La Corona de España es hereditaria en los sucesores de S.M. Don Juan Carlos I de Borbón». Así aparece recogido en el artículo 57 de la Carta Magna. Desde el interior de Zarzuela, Felipe VI recibe sugerencias o presiones, depende de cómo quiera calificarse esos empujones para que dé el último paso que le falta y rompa institucionalmente del todo con su padre.

«Porque podría ser que después de la siguiente mina ya sea tarde. Como se hizo con Cristina e Iñaki, los de Barcelona, hay que cortar por lo sano», comenta la misma fuente. «Eso sí, tiene que quedar claro que Sofía no tiene por qué salir de la Casa Real, no irían en el mismo paquete. De hecho, ella sigue en agenda representando a la Corona mientras que su marido ya no recibe ni asignación», añade.

Además, aunque con la ley en la mano Felipe VI no podría despojarle del título de rey, sí podría decidir que Juan Carlos deje de residir en un recinto pagado por todos los contribuyentes, propiedad de Patrimonio Nacional. «Pero eso sí que no lo va a hacer. Zarzuela es la casa de los reyes eméritos y no hay que ser Familia Real para vivir en ella. Será de Patrimonio, pero es el hogar de los Borbón y Grecia; de hecho, allí también reside Irene de Grecia, la hermana de doña Sofía», afirma esta persona que conoce las interioridades de Palacio.

Juan Carlos no ve a nadie

Juan Carlos está solo. Es un hecho. Durante estos meses de confinamiento, esta soledad ha sido más palpable aún. El emérito no quiere ver a nadie por miedo a ser contagiado. El ex Jefe del Estado es población de riesgo: 82 años, y una salud deficiente, más aún con su operación a corazón abierto el pasado mes de agosto, para implantarle un triple bypass. Está tan aislado que ha renunciado hasta a las sesiones de fisioterapia, que tanto le alivian y le mantienen con la esperanza de poder navegar por las rías gallegas.

Pero la suya no es una soledad provocada por la pandemia. Su aislamiento se debe también al cordón sanitario que ha impuesto su hijo  a su alrededor. No quiere saber nada de su padre tras la última ‘mina’ que ha explotado en su reinado y que había sido colocada ahí por su antecesor en el trono. «No sabemos cuantas hay en el camino. Nos tememos que esto último de los maletines (la noticia que salió hace un par de semanas sobre el viaje que Juan Carlos realizó a Ginebra en 2010, con un maletín cargado con 1,9 millones de euros procedente de Bahrein) sea sólo la punta del iceberg. ¿Qué va a ser lo siguiente?», repite la misma fuente.

Desde que llegó al trono el 19 de junio de 2014, una de las obsesiones de Felipe VI es que los españoles desvinculen su nueva «Monarquía renovada y moderna» con la anterior. Tiempos nuevos en palacio en todos los sentidos. Lo primero fue hacer una norma interna de transparencia. En este reinado no hay nada que esconder.

El actual Rey no quiere quitarle ni un ápice del mérito y reconocimiento que se merece el Emérito en la Historia de España. Pero su reinado es contrario a los comportamientos «poco ejemplares» -termino que la Casa usó para el duque de Palma cuando saltó el Caso Noos- de su predecesor.

Se cortaron todas las relaciones con los ex duques de Palma de Mallorca para que nada empañara la nueva etapa. El Caso Noos y los Urdangarin eran pasado. Pero el Rey no fue capaz de dar el paso que tenía que haber dado aquel mes de junio. «Se tenía que haber hecho como en Holanda. Cuando la Reina Beatriz abdicó en favor de su hijo Guillermo, ella pasó a ser princesa y su hijo pasó a ser el único rey. Aquí tenemos dos reyes y eso nunca es bueno. Tenían que haber salido de la Familia Real aquel mismo día». Pero eso ya está hecho y Juan Carlos y Sofía pasaron a ser los «eméritos», título de estar por casa, porque no es oficial. Lo cierto es que formalmente en España hay dos reyes y dos reinas.

A partir de entonces comenzaron los problemas en forma de noticias sobre los negocios del Emérito y su examante, Corinna, en sus últimos años de su reinado. Antes de que todo estallara, cuando parecía que era un buen momento para ello, Juan Carlos anunció su retirada de la vida pública. Al final se acabó sabiendo que había sido su propio hijo, Felipe VI quien obligó a su padre a jubilarse al recibir en Palacio una notificación desde un despacho de abogados en Londres, en marzo de 2019, sobre el dinero en paraísos fiscales del emérito.

Parecía que con aquella decisión el mal estaba atajado. Pero casi un año después, el pasado mes de marzo, el The Telegraph señaló a Felipe VI como el titular de una cuenta bancaria de una fundación offshore de su padre. Fue cuando la Casa del Rey emitió un comunicado en el que anunció la retirada a Juan Carlos de su asignación en los presupuestos de la Casa. Esto se produjo en los días en que Pedro Sánchez decretó el estado de alarma.

Todavía está en el aire la posibilidad de que Felipe VI dé el paso y expulse a su padre de la Familia Real y así romper con la monarquía de Juan Carlos, cuyas aportaciones fueron tan notables para el país como malas lo son ahora para el reinado de Felipe VI.