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El Gobierno señala a Vox y promueve un cordón sanitario

Maroto dice que todos los demócratas están amenazados de muerte si no se les frena

En una semana los madrileños estarán acudiendo a las urnas en unas elecciones de alto voltaje. Quedan siete días para votar y nada hace pensar en una disminución de la tensión. La campaña entra en sus momentos cruciales. Y, si alguna vez se ha desarrollado en parámetros convencionales, se antoja ya imposible que se rebaje un nivel de crispación que ha desvirtuado todo lo demás. La amenaza que recibió ayer en la sede del ministerio la ministra de Industria, Reyes Maroto, ungida como futura vicepresidenta regional si Ángel Gabilondo accede al Gobierno, reactivaron ayer el nuevo marco en el que las tres formaciones de izquierda van a vivir hasta que se agote la campaña: democracia o fascismo. «No vamos a dejar que el odio se apodere de la convivencia en España», escribía en sus redes sociales el presidente del Gobierno, a quien Maroto informó personalmente de la amenaza.

La vinculación con Vox la desplegaba la propia afectada al acudir a la comisaría del Congreso de los Diputados a presentar la denuncia. «Todos los demócratas estamos amenazados de muerte si no frenamos a Vox en las urnas». Poco importaba ya que horas después la Policía identificase como autor de la amenaza a un vecino de El Escorial con problemas de salud mental.

La navaja que llegó a las dependencias del Ministerio de Industria, aparentemente ensangrentada, reactivó ese relato sobre el que se había desarrollado la campaña durante el fin de semana. «Le pregunto a la señora Ayuso cuántos sobres más tienen que recibir, cuántas amenazas más tienen que recibir compañeros y compañeras para que diga firmemente que no tiene ninguna intención de gobernar con la extrema derecha, el partido del odio y la intolerancia», dijo Mónica García, candidata de Más Madrid. El candidato del PSOE, Ángel Gabilondo, reforzaba el eje principal de su campaña vinculando la amenaza a la ministra de Industria con el futuro papel de Vox en el gobierno de Madrid: «Hoy todos somos Reyes. No se puede facilitar poder a quienes son un peligro para la democracia. Apelamos a todos los demócratas a que extiendan el cordón sanitario a la ultraderecha. Esto significa no blanquear el fascismo y no gobernar con Vox».

Gabilondo lanzaba su mensaje desde el acto en Ferraz en el que la vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra, anunciaba la noticia de la amenaza: «Me acaban de pasar en una nota que nuestra compañera Reyes Maroto ha recibido una navaja ensangrentada… y desde aquí, ¡No vais a pasar! ¡Al fascismo no vais a pasar! ¡Se acabó, se acabó! ¡Esto sí que va de democracia! ¡Los demócratas somos más! ¡Somos más y los vamos a parar en las urnas el 4-M!».

El portavoz de la formación que preside Santiago Abascal, Jorge Buxadé, reclamó que se deje de emplear ese término y lo denominó «soga antidemocrática que se cierne sobre el cuello de cuatro millones de españoles». Y recordó al PSOE que «ellos son los que se ponen con Bildu, con Esquerra y con todas las organizaciones de la extrema izquierda radical». El portavoz de Vox se preguntaba: «¿No es una línea a no traspasar la de ministros del Gobierno alentando la violencia contra los actos políticos de Vox?».

Recta final hacia el 4-M

Todos los partidos habían condenado la amenaza. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, señalaba que «las amenazas a los representantes públicos no tienen sentido en un país en libertad». Y Vox reiteraba que se personaría en la causa y que denunciaba esta amenaza, «como todas».

La izquierda ha logrado reactivar su campaña al calor de estos sucesos. Pero todavía está por ver si obtienen rédito electoral. Las últimas encuestas que podrán publicarse deberían recoger ya si existe o no algún efecto en el ánimo de los electores. Eso sí, los datos del CIS publicados la pasada semana ya anticipaban que estaba produciéndose una movilización del electorado de la izquierda. Pero porque venía de niveles de indecisión muy altos y de escasa activación electoral. La tendencia ya estaba ahí, emergiendo frente a una derecha hiper movilizada desde hace semanas.

Desde el laboratorio socialista cifraban entonces en 200.000 los votantes que necesitaban movilizar en favor del bloque progresista para que el vuelco electoral fuese posible. Los socialistas ya habían reseteado la estrategia de campaña a partir del debate del pasado miércoles. «Estábamos atrapados en el marco de campaña de Ayuso y ahora todo ha cambiado», se felicitan en el socialismo madrileño. Donde, no obstante, reconocen sus dudas sobre los efectos reales que puedan sustanciarse en las urnas. La posibilidad de mantener esta tensión siete días más es su principal baza.

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