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Lola sufrió luz de gas, un maltrato psicológico difícil de demostrar: “Me hacía creer que estaba loca”

Mujer sufrio abuso durante muchos años
Mujer sufrio abuso durante muchos años

NIUS Diario

  • “De cara al exterior era un padre y un marido excelente. Pero entraba a casa y salía la bestia”, relata de su ex marido

  • Ella y sus hijos sufrieron años de abusos que continuaron incluso después de la separación

  • Luz de gas es un tipo de maltrato psicológico, el mismo que ha denunciado públicamente Rocío Carrasco

Lola prefiere no revelar su identidad real pero habla alto y claro. Ella, como tantas otras, ha sido víctima de la violencia machista, de vecinos que miraban hacia otro lado y del rechazo de las institucionesDesde que Rocío Carrasco denunció presuntos malos tratos, las llamadas al teléfono de atención a la víctima de violencia machista han subido un 61% en Cataluña. Muchas mujeres han descubierto que sufren la luz de gas o gaslighting, algo que Lola soportó durante años. Se trata de una sutil forma de maltrato psicológico en la que el maltratador distorsiona la realidad de la víctima con el objetivo de hacerle creer que todo lo que ve es fruto de su locura: “Tú ves lo que hace, lo descubres y te tacha de loca”, explica.

Pasó 23 años con su ex pareja, de los cuales la última década fue un “auténtico infierno”. Tienen tres hijos en común, de 20, 19 y 9 años. Tras años de litigios, Lola recuperó la custodia completa de los tres y ahora viven con ella en un piso de protección oficial de Barcelona. Aun así, las demandas contra su presunto agresor no han acabado.

Pregunta: ¿Cuántos años sufrió luz de gas?
Respuesta: Lo sufrí durante los últimos 10 años de matrimonio, cuando nació mi segundo hijo, y luego durante la separación y el divorcio. Ahora lo intenta pero ya no cuela. Sufrí un maltrato psicológico brutal y la ‘luz de gas’ era constante: tú ves lo que hace, lo descubres y te tacha de loca. El maltratador desquicia tu psique. Yo entonces no sabía que lo sufría, ni que tenía nombre. Durante cuatro años desaparecía cada domingo y me decía que iba al párking a arreglar el coche. Yo hacía preguntas y algunas veces fui a buscarlo pero no lo encontré. Cuando se lo comentaba, inventaba nuevas mentiras o me hacía creer que era yo la que no estaba bien con mis dudas.

Cuando nació nuestro tercer hijo estuvimos dos meses sin agua caliente en casa porque el termo no funcionaba. Yo tenía que calentar agua para bañar a mis hijos. Le decía que llamara a un técnico para arreglarlo y él me decía que se duchaba cada mañana con agua caliente y que el problema era mío porque no sabía hacer nada y no sabía ponerlo en marcha. Descubrí que él trucaba el termo a mis espaldas para que no gastáramos agua caliente y él pudiera ahorrar. No lo podía creer. ¡Teníamos un bebé de meses y dos niños de 9 y 10 años!

P: ¿Sufrió otras formas de maltrato?
R: También adoptaba actitudes pasivo-agresivas. Una tarde llevé a los niños a una conferencia y al día siguiente me espetó “Tú cállate que ya sabemos donde llevaste a los niños”. Cualquiera que no me conociera se pensaría que los llevé a tomar drogas. Me hacía sentir culpable a todas horas de cosas que no había hecho mal. Al final del matrimonio, yo no quería mantener relaciones sexuales y hubo una tarde que me forzó. Al salir de casa, le dije: “¿Tú sabes lo que has hecho?”, me respondió que sí, que no se sentía orgulloso pero que “a lo hecho, pecho”.

A mí nunca me pegó pero, por desgracia, mis hijos sí que sufrieron agresiones físicas. Cuando mi hijo mediano tenía tres años y armaba jaleo le pegaba en la cabeza con el puño cerrado. Una vez lanzó el móvil contra mi hija y por suerte el móvil se estampó contra el suelo. Por desgracia, normalizas la situación y el maltrato: mis hijos y yo pensábamos que me hizo firmar un mutuo acuerdo para quedarse con la casa y los niños y fui yo la que se fue era normal.

Si no le daba la custodia me amenazó con que no me dejaría verlos y haría que me odiaran. Yo me lo creí

Cuando nos divorciamos me quitó la custodia pero desatendió a sus hijos, no los duchaba y les cortó el agua corriente. De hecho, los dos primeros años separados fueron una prolongación del matrimonio. Me manipulaba. Si no le daba la custodia me amenazó con que no me dejaría verlos y haría que me odiaran. Yo me lo creí.

P: ¿Qué le decía su entorno?
R: Mi hermana me decía que tenía pronto. La gente me decía que había tenido mucha suerte con mi marido y es que de cara al exterior era un padre y un marido excelente. Pero entraba a casa y salía la bestia. Una vez, mi hijo pataleó mientras lo atábamos en la sillita del coche, él le dio tal puñetazo en el pecho que al niño se le cortó la respiración y empezó a vomitar. Le convencí para que lo lleváramos al hospital y allí le expliqué al médico lo que había ocurrido pero nadie denunció, nadie dijo nada.

P: ¿Cuáles fueron las primeras señales de malos tratos?
R: Al principio era un príncipe azul, todo era perfecto. Teníamos 25 años. Al mes vi que era una persona agresiva con lo externo. Bajó la ventanilla del coche para insultar a un conductor, la cerró y siguió cariñoso conmigo como si nada hubiera pasado. Por desgracia a mí me sonaba familiar porque mi madre tenía una actitud similar conmigo. De eso me he dado cuenta hace pocos años. Ellos primero son agresivos con el exterior. Lo que no sabes es que acabarán siéndolo contigo y con tus hijos.

P: ¿Por qué no salió antes de esa situación?
R: Es lo que yo me pregunté durante años. Yo no tenía trabajo, ni casa, no tenía nada y lo que él te dice lo integras en ti y te crees esa persona. Él me decía que era inútil, ignorante y que no tenía nada, ni tenía dónde ir. Me tenía amenazada. Le dije que me quería separar antes de quedarme embarazada del tercero, se tiró al suelo de rodillas y se puso a llorar. Nos reconciliamos, le di una segunda oportunidad.

Durante una temporada, los dos mayores me preguntaban que qué le pasaba al papa porque no gritaba ni les insultaba. Fuimos a terapia, me volví a enamorar y me quedé embarazada pero él quiso que abortara y yo no quise. A partir de ahí, mi casa se convirtió en un infierno.

No fue una situación concreta sino un compendio de todo. Un día te levantas y dices “ya no puedo más”

P: ¿Cómo salió de allí?
R: No fue una situación concreta sino un compendio de todo. Un día te levantas y dices “ya no puedo más”. Le dije que preparara los papeles y se fuera de casa. Estuvo dos meses amenazándome y coaccionándome y consiguió que firmara el acuerdo para que él se quedara con el piso y la custodia. Yo no sabía que tenía derecho a reclamar nada ni siquiera que mis hijos podían decidir con quién querían vivir. Él se aprovechó de mi ignorancia y consiguió que firmara.

Tras la separación estuve dormida durante dos años. Apareció una amiga que me marcó el camino. Empecé los trámites y presenté una demanda para conseguir la custodia compartida. Después de presentar la demanda no pude subir al piso para ver a mis hijos, durante 8 meses nos veíamos cada día en un banco de un parque, hiciera frío, calor o lloviera. Nunca faltábamos a nuestra cita.

P: ¿Cuál es su situación ahora?
R: Mis hijos viven conmigo y estamos contentos. Él ha dicho que no esperaba que yo pudiera llegar a tanto. Aún hoy tenemos varias denuncias abiertas, por usurpación de datos porque se sacó una tarjeta de crédito a mi nombre, y por no pasar la pensión alimentaria.

Mis hijos mayores denunciaron a su padre hace tres años por violencia. Mi hija hablará con un abogado de oficio porque su padre puso un coche a su nombre cuando ella tenía 15 años. Ahora mi hija debe cerca de 6000 euros por un vehículo que no ha conducido porque no tenía carnet.

P: ¿Existe falta de empatía en los casos de violencia doméstica?
R: Sí. Nadie me ayudó nunca. Durante 10 años que vivimos en el piso, los vecinos oían gritos y golpes y no dijeron nada. Mi familia no tenía buena relación conmigo y sus padres lo apoyaban a él y lo siguen apoyando.

P: ¿Qué le diría a una persona que esté sufriendo esta situación?
R: Que ponga en su mente que debe salir de allí cuanto antes. No es lo mismo una mujer sola que una mujer con hijos, pero yo tenía tres y salí. Que busque asesoramiento jurídico, acuda a los servicios sociales sin que él lo sepa, porque normalmente son controladores. A mí me funcionaron los vídeos del ‘coach’ Borja Vilaseca y mantras budistas para relajarme, pero existe la terapia y en muchos organismos ofrecen ayuda psicológica. Que luchen con uñas y dientes por salir de ahí, porque saldrán y ganarán. Yo lo he conseguido.