La ruina de Bolivia, la tiranía socialista que apoya Pablo Iglesias

Bolivia

El líder de Podemos ha avalado los datos económicos del ya expresidente pese a que Bolivia es uno de los países más pobres del mundo.

Pablo Iglesias vuelve a asomar la patita. Pese a sus apariciones con corbata y sus intentos de mostrarse como moderado, el líder de Podemos no puede evitar ser quién es. Al igual que lo hiciera con los narco-dictadores Hugo Chávez y Nicolas Maduro, ahora, el político de extrema izquierda brinda su apoyo incondicional al ya expresidente del Gobierno de Bolivia, Evo Morales.

Iglesias ha ido más allá y ha tildado de «golpe de Estado » los últimos acontecimientos acaecidos en el país latino. Sigue así la estrategia del ya dimitido presidente bolivariano de falsear la realidad y hacerse pasar por víctima del pueblo y los militares.

«No necesito escapar. Quiero que la gente de Bolivia sepa que no le he robado a nadie, nada. Si alguien piensa que estamos robando, dígamelo. Presente la prueba», escribía Evo Morales en su cuenta oficial de Twitter.

Y no es que hubiera una prueba, había cientos de ellas que acreditaban que había habido «un gigantesco fraude electoral«, en las pasadas elecciones del 20 de octubre. Fue la Organización de Estados Americanos (OEA) la que advirtió en una auditoría de las graves irregularidades en los comicios generales: alteración y falsificación de material electoral, redirección de datos a servidores no autorizados, manipulación de las cifras en el conteo de votos y un sinfín de tropelías fueron halladas y recogidas en el informe. «Las manipulaciones al sistema informático utilizado en las elecciones son de tal magnitud que el Estado boliviano debe investigarlas profundamente para llegar al fondo», decía la OEA.

Para Pablo Iglesias todo esto responde a un plan urdido por la oposición para hundir a su colega Morales. Siguiendo viejas estrategias del comunismo soviético, el podemita habla de un «golpe de Estado» y disfraza la dictadura que quería imponer el expresidente del Movimiento Socialista en Bolivia. Una actitud propia del comunismo histórico en el que la invención de conspiraciones era común cuando no gustaban los resultados electorales.

«Golpe de Estado en Bolivia. Vergonzoso que haya medios que digan que el ejército hace dimitir al presidente. En los últimos 14 años Bolivia ha mejorado todos sus indicadores sociales y económicos. Todo nuestro apoyo al pueblo boliviano y a Evo Morales», ha expuesto Iglesias en su cuenta oficial de Twitter.

 

Avalancha de críticas

Cientos de tuiteros, en su mayoría de Bolivia, le han recriminado al portavoz de Unidas Podemos, que mienta descabelladamente sobre Evo Morales. La Red Internacional de Bolivianos en el Exterior (RIBE) ha negado en rotundo el golpe y ha culpado de los actos vandálicos a MAS, el partido de Evo Morales.

«Tras la renuncia del mandatario, grupos afines al movimiento socialista de MAS y desconocidos iniciaron una escalada de ataques a casas de políticos de oposición, a medios de comunicación, a bienes públicos y saqueos a negocios. Ante versiones generadas por Evo Morales y su gente, que se las difunde a nivel internacional, en sentido de que se hubiera producido un golpe de Estado en Bolivia, necesitamos que a la comunidad internacional le quede claro que no se ha dado un golpe de Estado en nuestro país», explicita el comunicado de la RIBE.

Pero Evo Morales continúa erre que erre victimizándose cuando ha sido pillado defraudando a todo el país. Para ello cuenta con el apoyo del dictador Nicolás Maduro y, ahora, de Pablo Iglesias en España. Además de México que ya le ha ofrecido asilo político.

Bolivia y la ruina económica

No menos importante es la falacia que Iglesias también ha soltado con respecto a la economía boliviana. El diputado de ultraizquierda ha asegurado que «los últimos 14 años, Bolivia ha mejorado todos sus indicadores sociales y económicos». Pero, como siempre y con los datos en la mano, la realidad del país dista años luz de la afirmación del político.

Basándonos en los datos del PIB, es cierto que Bolivia ha crecido. Lo ha hecho de forma casi milagrosa y muy lenta pero ha sido al albor del crecimiento de la economía internacional. Aún así, sigue en la ruina. El Índice de Desarrollo humano (IDH) lo sitúa entre los países de las Naciones Unidas como uno de los que tiene muy mala calidad de vida. El PIB per cápita fue en 2018 de 3.005 euros, llevando al país al puesto 124 de los 196 países del ranking de países.

A estos malos datos se suma que es uno de los peores lugares para hacer negocios. El estudio de clasificación de países en este orden coloca a Bolivia en el puesto 156º de los 190 que aglutina el ranking Doing Business que elabora listados de países según las facilidades para comerciar.

Con respecto a la última tasa de variación anual del IPC de 2019 publicada en Bolivia fue del 1,9%. Además, Bolivia es la economía número 95 por volumen de PIB. Y la deuda pública tampoco para de crecer. En 2017 fue de 17.150 millones de euros, creció 2.787 millones desde 2016 cuando fue de 14.363 millones de euros.

Estos malos datos no alteran lo más mínimo a Evo Morales quien incluso se ha visto incapaz de hacer autocrítica en su dimisión. El expresidente sobre el que pesa una orden de detención ha reiterado en su discurso de salida que todo lo que le sucede es por su raza. «Mi único pecado es ser indígena…», manifestaba. Hay que recordar que acudir al ideología identitaria del indigenismo ha venido siendo un recurso habitual al que Morales se agarraba como a un clavo ardiendo. Pero esta vez no ha colado.

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