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Salud

Historia de un reencuentro: cuando Teresita vio de nuevo a sus hijas 68 días después

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Carmen Millan – NIUS Diario

  • Las residencias en Andalucía vuelven a permitir las visitas: “Hoy es un día grande, por fin voy a ver a mi madre”

  • Desde octubre que entró en la residencia no se han podido abrazar, aún tendrán que esperar

  • Teresa sobrevivió a la epidemia de poliomielitis en los años 50 y jamás imaginó que a sus 85 años conocería una pandemia

Suena el timbre en la residencia Élite, en Málaga, y enseguida se ve cómo baja Lourdes la rampa de la entrada. La reconoce desde lejos. Está sentada en el patio aprovechando los rayos de sol. En ese momento, se cruzan la felicidad y la impotencia. La alegría de volver a verla y el duro sentimiento de no poder abrazarla.

-Qué alegría hija mía, qué alegría.

Se ponen al día y se regalan piropos. Al rato, sale una hermana y entra la otra. Es el turno de Mari Luz que trae en la mano una bolsa grande, es un regalo para su madre. 

Mamá, mamá, te quiero mucho.

-Yo también, pero no te puedo abrazar. 

-No podemos, mi vida. Los niños te mandan un abrazo muy grande y tienen muchas ganas de verte.

-Muchos besos para ellos. Yo también, hija.

Teresa abre el regalo que le ha traído, es una bufanda color verde esperanza. Y la abraza mientras se intuye que sonríe al achinar los ojos. “Ese es el abrazo que nosotras nos damos, para cuando te la pongas sientas que estoy aquí contigo”, le dice Mari Luz a su madre. “Me he dado cuenta de cuánto los necesitamos, de lo que significa poder abrazarlos, tocarlos y besarlos”, confiesa a NIUS.

Y para entender la emoción de este reencuentro nos tenemos que remontar hasta el pasado mes de octubre cuando Teresa Frías cerró la puerta de su casa, en Periana, para entrar en una residencia de mayores en la capital malagueña. La conocen como ‘Teresita’, es la menor de 10 hermanos, y a sus 85 años mantiene el diminutivo que le pusieron de pequeña.

Cuando era solo una niña se acostó una noche y se levantó invalida: “La polio me dejó las piernas como de juguete, y esto me ha marcado toda la vida”. Teresa sobrevivió a la epidemia de poliomielitis en los años 50 y jamás imaginó que a su edad conocería una pandemia.

Tras pasar el verano y al ver que la situación del coronavirus iba a peor, sus cuatro hijos y ella decidieron que era un buen momento para ir a una residencia. Teresa es una mujer dependiente y necesita de muchos cuidados. “El tiempo nos ha hecho ver que hicimos bien, está muy cuidada y ya tiene la vacuna”, relata a NIUS Mari Luz, una de las hijas de Teresita.

Reconocen que no fue una decisión fácil, pero…¿quién iba a cargar con el peso si ‘por mala suerte’ a su madre le ocurría algo en casa de alguno de sus hijos? Se preguntaban. “Conocemos a familias que tomaban todas las precauciones y aún así entró el coronavirus. El riesgo está en todas partes”, aseguran.

El pasado 4 de diciembre quedó marcado en el calendario. La Junta de Andalucía actualizaba los datos, cada vez peores, y cerraron las visitas a las residencias. Ahora, más de dos meses después, se vuelven a permitir de manera individual: “Hoy es un día muy grande, vengo con mi hermana, con mucha alegría porque por fin voy a ver a mi madre”, reconoce muy emocionada Mari Luz. Pueden entrar, pero no abrazarla ni besarla y así llevan desde octubre: “La echo de menos, nos está costando mucho. Tengo ganas de poder achucharla muy fuerte y llevarla a ver a la Virgen del Carmen y comernos un chocolate con churros”, confiesa la hija.

Con su hija Lourdes y su nieta Dafne

Aunque no se han podido ver, el contacto con su familia es diario. El teléfono de Teresita suena con frecuencia: “La llamo 2 o 3 veces al día y ella también llama cuando le apetece. Nos pregunta a cada rato si estamos todos bien, es su máxima preocupación”, señala Lourdes.

Y así nos lo hace saber Teresita en nuestra entrevista antes del reencuentro: “Mis hijos lo son todo. Lo más difícil es tener que estar encerrada con la preocupación, pensando en ellos. Pienso más en ellos que en mi”, recalca. Hoy dice que está muy contenta. Se ha puesto una rebeca verde, su favorita, y espera al “solito” a que lleguen sus niñas. Si le tiene miedo al virus es por su familia: “Yo no quiero morirme pero si me voy es ley de vida, ellos están empezando a vivir”, dice emocionada.

Con 85 años le ha tocado vivir “una película”, después de toda una vida de sacrificio y trabajo, ahora está aislada en una residencia por la Covid19. Para sus hijos, viendo cómo han ido las cosas, es el mejor sitio donde ha podido estar para pasar estos meses de la pandemia. La experiencia de la residencia les ha demostrado que fue una buena decisión: “Nos ha dado tranquilidad, aquí la han protegido y por suerte no ha entrado el coronavirus”.

Deseo que todo esto pase y podamos tener una vida normal, que no sé ya qué será una vida normal

El éxito de esta residencia de mayores está formado por una mezcla de un exhaustivo trabajo con una pizca de suerte. “Ha sido muy duro para todos no poder recibir visitas”, confiesa Mamen Biedma, directora del centro Residencial Élite. Desde la vacuna están más tranquilos, aunque mantienen las mismas medidas porque “el virus sigue entre nosotros y no sabemos cómo puede ser después de la vacuna”, reconoce la responsable. Al mismo tiempo, sostiene que el miedo sigue entre ellos: “Nadie se quiere morir y en las residencias el coronavirus ataca con muchísima fuerza”.

Ha llegado la hora de la despedida. Se marchan soñando con que cada día todo sea un poquito mejor. Ellos, los mayores, son los más vulnerables pero no hay nadie exento de contraer el virus.

Teresa el día de sus 85 cumpleaños en la residencia Élite, en Málaga

“Deseo que todo esto pase y podamos tener una vida normal, que no sé ya qué será una vida normal”, dice la hija pequeña. Mientras, la abuela Teresita pide al resto de su familia que vayan a verla cuando puedan. Sin ánimo de ser una carga, ni molestar. Además, manda mucho amor, mucha salud, y vida. “Mucha vida para todos”.