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Hacia una caída del 15% del PIB y un 23% de paro

María Vega 

Con la temporada turística perdida, el paro se disparará mientras que un ‘brexit’ duro amenaza los ‘brotes verdes’ de la industria y la alimentación.

En el año 2008, los efectos de la crisis de origen financiero se notaron antes en los titulares de los periódicos que en el bolsillo de la inmensa mayoría de los españoles. En 2020, los efectos de la crisis de origen sanitario se han notado antes en la economía doméstica que en las malas noticias con los datos del PIB como protagonista.

Fue en julio cuando se confirmó que España entraba en recesión técnica, pero no hizo falta esperar a la estadística del INE para saber que estábamos sumidos en una dura crisis. La duda era qué intensidad tendría y cuánto nos costaría retomar la actividad previa a la Covid-19.

La desescalada era clave y de cómo se desarrollasen los rebrotes del otoño dependería en buena medida la recuperación. Sin que haya terminado el verano, ya es posible desterrar el escenario más optimista que situaba la vuelta a la ‘vieja normalidad’ en términos de PIB a partir de 2022.

La previsión del Gobierno sobre caída del PIB (-9,2%) ha quedado obsoleta y será revisada a la baja en las próximas semanas, como avanzó este periódico el viernes.

El Banco de España anticipó en abril que la caída del PIB oscilaría entre el 11,6% en un escenario pesimista y el 15,1% en el más adverso. El impacto de los rebrotes de la Covid-19 hace temer que el hundimiento económico nos encamine a esta última cifra.

La palabra que mejor describe la situación económica de España es “incertidumbre”. Y este término se lleva mal con la inversión y con el consumo de las familias, las empresas y los inversores.

Los efectos de esa inseguridad han golpeado la temporada turística y están dañando al resto de la economía por el retraso o la cancelación de las decisiones de compra de empresas y hogares.

A la falta de una estrategia clara para combatir el coronavirus en el frente sanitario, se une la debilidad financiera de un sector público que había sido incapaz de recuperar el equilibrio presupuestario que perdió en la última crisis.

Sin turismo

Ni el turismo nacional ni el internacional han funcionado este verano como se esperaba en junio. Los rebrotes han hecho que muchas familias hayan cancelado sus planes de vacaciones. Los vetos de países europeos y la imposición de cuarentenas para los viajeros procedentes de España han sido la puntilla de una temporada perdida.

Según las estimaciones de Exceltur, la industria de la felicidad perderá en 2020 un 64,7% de su PIB sectorial, con una caída de la actividad de 98.753 millones de euros. Esta cifra de la asociación que reúne a las grandes cadenas empeora en más de 15.600 millones de euros la que se manejaba por el gremio en julio.

El gráfico con los últimos datos de caída de las pernoctaciones hoteleras (de más del 74% en el mes de julio) también refleja con elocuencia hasta qué punto la situación es complicada para un sector clave para España en términos de PIB y empleo.

Dado el peso que tiene en la economía española el turismo, la brutal caída de ingresos repercutirá en una pérdida que rondará el 15% del PIB español, según las estimaciones del profesor de EAE Business School, Juan Abellán.

Desde el Instituto de Estudios Económicos (IEE) se califica la situación del turismo de “catástrofe”, aunque hay esperanzas de que mejoren algo las cifras si se diseña una estrategia adecuada para que vuelva a Canarias en otoño, cuando arranca su temporada alta.

Agroalimentario y automoción

La otra cara de la moneda la representa el mundo agrario. Las comunidades autónomas con mayor peso de este sector -lideradas por Extremadura y Murcia- están sufriendo menos la crisis, según la AIReF.

En la industria del automóvil, hay datos esperanzadores sobre la reactivación del empleo gracias a la recuperación de la demanda internacional.

“La reactivación de pedidos industriales de Alemania ha sido muy positiva para la industria del automóvil española”, reconoce el economista Javier Santacruz. Sin embargo, añade que “el resto de países europeos están en dificultades, en especial Reino Unido y también Francia”, lo que puede dificultar esa recuperación.

También estos dos sectores están muy expuestos a la negociación de la letra pequeña del ‘brexit’, lo que añade dudas a su recuperación.

Empresas y bancos

En los últimos años, las empresas han hecho sus deberes y hoy están menos endeudadas que en 2008, lo que va a paliar algo los dramáticos efectos de la Covid-19 en el tejido productivo español, según BBVA Research.

No obstante, en este apartado, hay que distinguir entre grandes empresas, pymes y micropymes.

Estos dos últimos grupos “son un problema para España porque el tamaño empresarial no acompaña. Las empresas más grandes son más competitivas y productivas; y tienen un mayor aguante financiero cuando llega una crisis”, advierte Juan Abellán.

Para que las empresas pudieran hacer frente a la crisis de liquidez que causó el cierre de los negocios por decreto, el Gobierno puso en marcha las líneas del ICO, que ya han repartido financiación por importe de 98.411 millones de euros.

Estas líneas han permitido a casi 800.000 empresas cubrir sus necesidades de liquidez en los primeros momentos de este parón económico. Sin embargo, el hecho de que la duración de la crisis vaya a ser más larga de lo esperado apunta a que serán necesarias más medidas de choque económico por parte de un Ejecutivo sin margen para activar más gasto.

El Banco de España ya ha advertido que un 30% de las empresas españolas está en riesgo de impago. Muchas de ellas no sobrevivirán a esta crisis, pero los expertos consideran que todavía es pronto para hacer una criba de empresas ‘zombis’ que pueda agravar aún más la situación económica.

Al igual que ocurrió en 2008, uno de los problemas que están afrontando las empresas en este momento, es el retraso en el pago de las facturas a proveedores, que vuelve a acercarse más a los 90 días que a los 60, recuerda Abellán. Este retraso también afecta a las facturas que tienen que abonar las Administraciones Públicas.

Con este difícil contexto se entiende que la confianza empresarial siga en niveles muy bajos se esté recuperando a una velocidad menor a la del resto de Europa.

En el terreno de la banca, las entidades han comenzado a hacer provisiones ante las malas expectativas sobre la evolución de la pandemia que tendrá un impacto significativo en la morosidad cuando venzan las moratorias e incluso los créditos del ICO.

Esta crisis ha cogido al sector mejor preparado que la de hace 12 años y, si en el pasado la banca formó parte del problema, ahora quiere ser parte de la solución. Sin embargo, los cambios que trajo la crisis financiera -en especial, el hundimiento de los tipos de interés- hacen que las entidades también sean vulnerables por sus problemas de rentabilidad. En el caso español, se va a acelerar un proceso de consolidación que reducirá el número de bancos.

Esta compleja situación tiene su reflejo en la bolsa, donde las cosas no van mejor. El Ibex 35 ha perdido desde máximos anuales cerca de un 30% y dos de sus grandes multinacionales, Telefónica y BBVA, podrían tener que abandonar el EuroStoxx 50 en la próxima revisión del índice que reúne a las mayores compañías europeas por capitalización bursátil, según han advertido distintas casas de análisis.

El peligro del empleo

El paro es otra gran herida. Las previsiones del Ministerio de Economía -que están bajo revisión- indican a que el desempleo alcanzará este año un 19% y el próximo se reducirá hasta el 17,2%.

El Banco de España ya advirtió que esa cifra se podría quedar corta. Si los rebrotes se complican y se producen nuevos confinamientos es posible que el desempleo alcance el 23%.

Para paliar las consecuencias del cierre de la economía en el mercado laboral ha sido clave recurrir a la figura de los ERTE (Expediente de Regulación Temporal de Empleo). Pero este mecanismo está garantizado hasta el 31 de septiembre a la espera de que el próximo viernes, el Gobierno y los agentes sociales se reúnan para firmar su extensión.

Con la desescalada y el inicio de la temporada turística, el número de personas que retomó la actividad y salió de los ERTE bajó en promedio en julio y la primera semana de agosto en 32.000 personas diarias, según datos oficiales.

Pero esa tendencia se ha frenado en seco con la llegada de los rebrotes y Santacruz advierte que con el fin de la modesta temporada que mantiene abiertos muchos establecimientos, el número de personas bajo la figura de ERTE o en el paro aumentará de forma significativa.

Frente a los cerca de 800.000 afectados de la actualidad se podría volver a superar la barrera de los dos millones de personas nuevas en ERTE o en el SEPE. Y esto a pesar de que a cierre de julio, el número de parados superó los 3,7 millones.

El pequeño ‘brote verde’ es que la afiliación se recuperó ese mes con un aumento de 161.217 cotizantes frente a la media de junio (un 0,87% más). Los datos de agosto y septiembre serán clave para ver si se sostiene esta tendencia.

Familias y colegios

En este contexto de incertidumbre, las familias, que son fundamentales para el consumo interno -demanda interna-, han reducido el gasto en un momento en el que sería bueno para la economía estimularlo.

Los depósitos de los hogares en julio se incrementaron en más de 700 millones de euros, según el Banco de España. Así, alcanzaron la cifra récord de 892.811 millones de euros (equivale al 80% del PIB nacional).

La tasa de ahorro de los hogares se ha disparado al 8,7% de la renta disponible. Para reducir esa tasa y fomentar el gasto e inversión, sería necesario contar con “certidumbre”.

Para ello, la apertura de los colegios es fundamental. “Es sumamente importante que los niños vayan al colegio porque todo va en cadena: si una persona está confinada porque los niños no pueden ir a clase, tiene más incertidumbre y gasta menos; si teletrabaja es menos productivo…”, explica Abellán.

Del mismo modo, es esencial que Gobierno y comunidades autónomas refuercen su estrategia sanitaria de lucha contra el coronavirus con más rastreadores y tecnología. Solo el control de la pandemia permitirá dotar a los agentes económicos de la tranquilidad necesaria como para que vuelvan a gastar.

Fuelle del sector público

En los últimos meses ha quedado demostrado que el papel del sector público es vital para paliar los daños económicos de la Covid-19.

El problema en España es que la llegada de la pandemia se ha producido en un momento en el que el Estado tenía las defensas bajas por su alto endeudamiento y descontrol del déficit. La recuperación española queda así en manos de los fondos que vengan en los próximos tres años de la Unión Europea y del aguante del Banco Central Europeo.

Se trata de ayudas por un importe que rondará los 140.000 millones de euros, pero de las que todavía se desconocen muchos aspectos. Entre otros, el de la condicionalidad a la que estarán sujetos los préstamos y ayudas directas que reciba España.

Sean cuales sean esas condiciones, sin ese balón de oxígeno, el Tesoro tendría serias dificultades para financiar los costes de la Covid-19.

La deuda del conjunto de las Adminstraciones registró en junio un nuevo máximo histórico al alcanzar los 1.289.905 millones de euros, cifra que supera el 100% del PIB.

Esa tendencia se agudizará en los próximos meses, en los que llegará a representar entre el 115 y 120% del mermado PIB español.

Por ello, aunque lleguen las ayudas europeas, España tendrá que acometer el proceso de consolidación fiscal que abandonó de forma total en 2019 con una subida del déficit (al 2,7%), tras años en los que ese desequilibrio presupuestario no venía reduciéndose al ritmo propuesto.

De cómo se haga ese ajuste de las cuentas públicas y cómo se gestione el dinero que llegue de la Unión Europea dependerá el futuro de España. Un país que tiene un gran potencial económico, pero a su vez es más vulnerable que sus socios comunitarios a las crisis por no ser capaz de corregir sus desequilibrios.