Portada » Franciso Lupiañez, investigador: “El confinamiento ha llevado a la gente a tomar peores decisiones”
Trending

Franciso Lupiañez, investigador: “El confinamiento ha llevado a la gente a tomar peores decisiones”

Francisco Lupiañez
Francisco Lupiañez

Ana Garcia Quesada – NIUS Diario

  • El shock provocado por las restricciones merma las capacidades cognitivas y erosiona el civismo

  • Son las conclusiones de un estudio elaborado por la Universitat Oberta de Catalunya en varios países

  • El análisis se ha llevado a cabo con una muestra de casi 5.000 voluntarios de España, Italia y Reino Unido

Era algo que se intuía, pero ahora una investigación lo confirma. El confinamiento y las restricciones para controlar la pandemia afectaron enormemente en la toma de decisiones y en la salud mental de la población.

“La gente tendía a querer beneficios inmediatos y tomaba decisiones al momento, algunas trascendentales, como mudarse de la ciudad al campo, cuando nunca les había gustado el verde. U irresponsables, como querer hacerse grandes viajes en cuanto se abrieran fronteras, cuando igual se habían quedado en paro”, explica a NIUS Francisco Lupiañez, investigador y autor del estudio del grupo Open Evidence de la Universitat Oberta de Catalunya, que confirma que “el shock provocado por las restricciones mermó nuestras capacidades cognitivas y nos llevó a tomar peores decisiones“.

Fueron decisiones en las que la valoración de costes y beneficios estaba muy condicionada por la pandemia. “Parecía que se acababa el mundo y la gente quería un beneficio ya, sin pensar en el mañana“, considera Lupiáñez. La toma de decisiones intertemporales se vio muy afectada”, avanza.

Para llegar a estas conclusiones se le preguntó durante un mes a casi 5.000 voluntarios de España, Italia y Reino Unido sobre el efecto que había causado en sus vidas el confinamiento. “Se eligió estos países por varias razones, entre ellas porque habían sido criticados por la mala gestión de la pandemia y porque en ellos la cuarentena había tenido un mayor impacto que en otros estados europeos”, aclara el investigador.

El cuestionario

Los voluntarios tuvieron que responder cuestionarios durante la primera y la segunda olas. “Y no encuestas normales“, apostilla, sino test que nos permitieran capturar sus comportamientos esperados, sus emociones, lo que realmente estaban haciendo o sintiendo y no lo que decían que sentían o hacían”. Y pone un ejemplo. “Si le preguntamos directamente a la gente si lleva mascarilla, el 90% te va a decir que sí, aunque en esos primeros momentos muchos no la llevaban, pero si les pones delante una situación y les dices escoge, igual la respuesta es otra”. “Es decir, les planteamos estímulos que hacían que sus respuestas estuvieran relacionadas con su comportamiento real y no tanto con lo que espera la sociedad que contesten“.

Con el primero de los cuestionarios, los investigadores recogieron información sobre cómo el confinamiento había impactado en su trabajo, salud física, salud mental y estrés.

Con el segundo, se midió además el efecto de la cuarentena en la capacidad cognitiva de los voluntarios, así como una serie de parámetros relacionados con el riesgo, la toma de decisiones, el altruismo y la reciprocidad, entre otros.

Las conclusiones

Los resultados del estudio, publicados en la revista Scientific Reports, de Nature, muestran que debido al shock producido por la situación, las personas que estaban más expuestas a las consecuencias de los efectos del confinamiento:

  • Vieron más disminuida su capacidad cognitiva
  • Tomaron decisiones más arriesgadas
  • Vieron erosionado su civismo

“La gente tenía mermadas sus capacidades para tomar decisiones, y reaccionaba de maneras no predecibles. En lugar de tener más cuidado por la pandemia, se arriesgaban porque no podían más“, señala el investigador. En cuanto a la relación con los demás, “querían, por ejemplo, que se castigara a aquellos que no llevaban mascarilla o que se saltaban las restricciones, a pesar de que ellos mismos eran más proclives a tomar decisiones que implicaban un mayor riesgo”, indica.

“Se vivió una especie de esquizofrenia colectiva que disminuyó el civismo de la gente. No hay más que recordar las noticias de enfermeros o médicos que los vecinos querían echar de sus edificios por si les contagiaban, y luego esos mismos salían a aplaudir a los sanitarios a las 20.00 de la tarde”, destaca.

“Esa esquizofrenia en la que estábamos todos metidos, con un contexto donde los medios de comunicación estaban todo el rato dando malas noticias y las directrices por parte de las autoridades no eran unívocas causó mucha confusión entre la gente”, confirma. “Me estás diciendo que me quede en casa, pero no tengo para comer. No puedo ir al monte a pasear, pero en la provincia de al lado, con la misma incidencia, se pueden ir de cañas. Estás anunciando ayudas que luego nunca llegan… todo esto provocó caos y tensiones”, lamenta.

“Hizo que la gente actuara de forma más irracional que nunca porque aplicar la racionalidad era imposible, era para volverse locos”, denuncia. “Las autoridades tomaron decisiones muy duras sin tener en cuenta el efecto que iban a causar. El estudio no critica las medidas, pone en cuestión cómo se comunicaron e investiga la reacción que tuvieron en la vida de las personas“, insiste. “La forma de transmitir los mensajes a la ciudadanía estuvo muy lejos de ser óptima. No somos robots, somos seres humanos y como tal no somos completamente racionales”, subraya.

“Solo se tuvo en cuenta una perspectiva a corto plazo. Y ahora sabemos que cuatro de cada diez ciudadanos estaban en riesgo de sufrir una enfermedad relacionada con la salud mental a consecuencia del shock vivido durante esta pandemia. Todo ello tendrá implicaciones a medio plazo”, alerta. “El coste de encerrarnos en casa no es gratis”.

La intención de este estudio era aportar evidencias para poder tomar mejores decisiones en el futuro. “No una crítica por la crítica”, aclara. “No puede ser ordeno y mando, y si es así, debería estar explicado de una manera que nos facilite el tener cierta certidumbre sobre cómo hacer las cosas”.

“Es evidente que el confinamiento ha generado consecuencias perjudiciales en términos de impacto laboral y de salud”, asegura el investigador. “Es importante que se tengan en cuenta para diseñar mejores respuestas y campañas de comunicación para el futuro, y cuando digo futuro hablo de mañana mismo, porque se siguen repitiendo los mismos errores”, lamenta.

Un ejemplo. “Ahora, para la Semana Santa, los extranjeros pueden venir a pasar las vacaciones aquí, pero nosotros no podemos ir a la comunidad de al lado a pasar unos días. Muy bien, pero no me digas que lo entienda. Cosas así son las que hacen que reaccionemos de forma visceralcastigando al que lo hace mal, exigiendo aquí y ahora… porque mañana no se sabe”, concluye.