El nacionalismo hace ‘fake’ su ‘news’ en Madrid

El nacionalismo hace 'fake' su 'news' en Madrid

Los madrileños contemplaron con cierto alucine el desembarco derechoautodeterminista (eso decía la convocatoria) en Madrid.

Ya al mediodía, numerosos manifestantes paseaban tranquilamente con su estelada por Madrid Central. Alguno hasta se acercaba a visitar el Tribunal Supremo, nueva estación del turismo martirológico indepe. Pero hacía un día espléndido y con las gafas de sol era más difícil de contemplar la lagrimita vertida por la suerte de los Junqueras y compañía. Otros eran más discretos y guardaban la parafernalia nacionalista hasta llegar al recorrido de la protesta. “Por si acaso”, comentaba una pareja de amigas que seguía las indicaciones de Google Maps como si fuera Pilar Rahola. Pero aquello daba igual a los madrileños porque hacía una tarde que daba asco morirse (y manifestarse). Por eso miraban con bastante indiferencia el despliegue de esteladas por la calle de Alcalá. “Mirad, queréis ver la puerta de Alcalá. O qué”, le decía una señora a sus acompañantes que llegaban desde un pueblo de Gerona. Mucha tieta (el segmento social más indepe) en actitud Madrid no es para mí. Tractoria en su máximo esplendor.

En la plaza de la Independencia, una decena de veinteañeros con banderas de España era la nimia representación de la contraprotesta. Tampoco hacía falta. Las miles de esteladas -tan excluyentes que excluyen a más de la mitad de catalanes- estaban enmarcadas por la enseña nacional, la constitucional, la que garantiza precisamente que los nacionalistas puedan hacer hoy su manifa propagandística en Madrid. Y esas banderas rodeaban paradójicamente el escenario final de la protesta que encabezaban TorraTorrentRufián

Por eso resultaba bastante cómico -por no decir hasta gratificante- observar el ridículo de los nacionalistas al hablar de España como antidemocrática -había mucha pancarta en inglés- cuando precisamente se manifestaban con toda libertad en la capital. También lo eran -“hijos de puta”, decía un jovencito que llevaba un bote de fairy en la mano- cuando silbaban al paso del dispositivo de la Policía Nacional que les protegía y garantizaba que la protesta transcurriera sin incidentes. Porque los nacionalistas habían logrado trasladar todo el kit -la musiquilla, las banderas, las camisetas oficiales de las sucesivas diadas, la bufandas, las pantallas y los lazos amarillos- a Madrid, más acostumbrada a la improvisación de los orgullos (desde el gay, pasando por el español y el 15M) que a la planificadísima agitación nacionalista con su derroche de merchandising.

“A este Borbón nadie lo ha votado”, gritaban entre pegatinas con la foto de Felipe VI al revés y banderas negras del CDR(recordemos que su origen es un grupo que intentó atentar contra Alfonso XIII). “Los borbones, a los tiburones”, insistían. También cantaron Els segadorsL’estaca y sobre todo un lema: “Hemos venido a despedirnos”, decían en relación a una utópica independencia. “España, cariño, lo nuestro no funciona”, repetían.

Sobre las siete menos diez la convocatoria llegó a Cibeles. Se veían banderas republicanas, andalucistas -“Abderramán make Andalusia great again“, soberanistas canarios, castellanos… etc.

Entonces pusieron una cuidada selección de vídeos del juicio del procés que enfervorizaron al personal. Tanto como los discursos que hablaban de esa invención que es el derecho de autodeterminación como un “derecho humano, universal”. Un cacao mental -con dosis de feminismo, manipulación histórica, hasta la Pasionaria…- que los presentes deglutían con su subidón supremacista. El resumen: España es una prisión de naciones y de derechos.

Pero precisamente los nacionalistas en Madrid venían a ser la refutación de su propia mentira. “Esto no es contra nadie”, decían mientras llamaban fascistas a todos los que “no entendían” al “pueblo catalán”. “Porque la democracia en España pasa por la democracia de Cataluña. Y la soberanía en Cataluña se gana votando”. Entonces se apeló a esa España “abierta y comprensiva” con el nacionalismo catalán. Nada querían saber de la Cataluña que no lo es.

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