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El mercado ya castiga la financiación si carece de un componente verde

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LAURA SALCES ACEBES PABLO MARTÍN SIMÓNCincoDias

Es el nuevo mantra y es insoslayable, para inversores, emisores, entidades financieras y bancos centrales. Los bonos con un componente medioambiental, social o de gobernanza (ESG) ya no es que sean más baratos: no emplearlos supone un castigo. Las empresas marrones, de sectores contaminantes o conflictivos, tienen dificultades para financiarse. La emisión de bonos con un componente social se dispara un 270% en Europa en lo que va de 2021, y el BCE ya presiona a los bancos para que revelen si están haciendo de manera correcta los deberes.

Ya no es una moda, es un factor inexorable que trae de cabeza a algunas compañías. Los datos revelan que la misma empresa se financia notablemente más barato con un bono que se clasifica dentro del apartado ESG que con uno tradicional.

Para muestra dos botones. Un bono con esta significación de la teleco italiana TIM paga lo mismo, un 1,95% en el mercado secundario, que otro clásico, pese que su vencimiento es 1,2 años superior. Por lógica, a más duración y del mismo emisor, debería pagar más. Pues no. El caso de Volvo es más llamativo todavía. Un bono tradicional del fabricante de automóviles con vencimiento en 3,8 años abona un 1,12%, mientras que el mismo emisor en versión verde paga un 1,39% pero con un vencimiento que casi duplica al anterior. Fuentes del mercado señalan que, sin el factor tiempo en la coctelera, el bono verde de Volvo abonaría cerca de un 2% al precio del clásico.

El propio BCE se ha metido de lleno en esta cuestión. Para este año, instará a las entidades a las que presta dinero a que realicen una suerte de autovaluación de a qué tipo de empresas prestan.

BBVA señala que es una obligación que los emisores busquen un ángulo ESG

El Banco Central va a incluir conceptos verdes en la manera en la que presta. Ya en 2021 les exigirá una suerte de autocontrol para que sean conscientes de los criterios medioambientales con los que prestan. El siguiente paso vendrá el próximo año, cuando realizará un test de estrés sobre los riesgos relacionados con el clima, según documentos de la institución que dirige Christine Lagarde.

El papel de Lagarde

“Creemos que lo primero que va a hacer es obligar a un desglose más fino de los riesgos medioambientales y de las características verdes de los bancos y de los prestatarios”, señala un responsable de banca de inversión de un banco concienciado del futuro verde y con gran presencia en España.

En BBVA son absolutamente tajantes. Esto es casi una obligación a futuro para los emisores y los inversores. “Esta aquí para quedarse e irá a más. Hace un tiempo, los emisores de deuda verde o social tenían ventaja. Ahora, los considerados emisores marrones, en sectores contaminantes o que no encajan bien con las políticas ESG de los inversores –como el tabaco, el de bebidas alcohólicas o el de juego– están teniendo dificultades para financiarse a buenos precios”, señala Regina Gil Hernández, global Head de Crédito de BBVA.

Lagarde realizará el próximo año un test de estrés a la banca con el factor climático

La directiva admite que ahora mismo sí pueden acceder al mercado, pero añade que “tal vez en tres años a lo mejor tienen que optar por otras fórmulas, como los fondos de capital riesgo o algún tipo de inversión alternativa, o deberán buscar alguna forma de lograr que su actividad evolucione para hacerla más ESG, como buscar un ángulo social”.

Ya se están lanzando fórmulas para buscar un ángulo verde o sostenible a industrias que, por definición, no lo son. Uno de los hitos de 2021 ha sido la consolidación de los bonos ligados a la sostenibilidad (SLB, por sus siglas en inglés) en el mercado europeo de renta fija.

“Son instrumentos en los que los cupones están sujetos al cumplimiento de una serie de objetivos de sostenibilidad y que permiten a su vez alinear la estrategia de financiación con la estrategia ESG de los emisores”, señala Álvaro Sicilia, VP IG de Debt Capital Markets para corporates de BNP Paribas en Iberia. El experto considera que el interés de este tipo de productos se ha disparado en Europa en general y en España en particular.