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El independentismo y su declive económico convierten a Cataluña en tierra de emigrantes

Roberto Pérez

En 2019 fue la segunda autonomía con peor saldo migratorio: son muchos más los que se van de Cataluña que los que le llegan de otras regiones de España

Cataluña ha dejado de ser esa locomotora económica que atraía población del resto de España, al calor de un desarrollo socioeconómico que ofrecía prosperidad y oportunidades sanamente envidiadas en el resto del país. Ahora, Cataluña no atrae población sino que la pierde. La tensión desencadenada por el «procés» independentista y la pérdida de músculo económico han llevado a Cataluña a ser una tierra de emigrantes, algo impensable hace unos años y que contrasta con lo que fue esta región durante décadas.

Los flujos migratorios interautonómicos son contundentes: desde 2018, son más los que se van de Cataluña que los que se llegan a vivir a esta Comunidad desde otros puntos de España. El procés independentista de 2018 desencadenó una fuga de empresas. Ahora, el Instituto Nacional de Estadística (INE) confirma que con las empresas se han ido miles de personas. Ocurrió en 2018 y se repitió con similar intensidad en 2019.

La diferencia entre los que llegan a una región procedentes de otros puntos de España y los que realizan el camino inverso es lo que se llama «saldo migratorio interior». Pues bien, el de Cataluña lleva dos años instalado en negativo, al contrario de lo que ocurrió tradicionalmente en el pasado. Todo esto tras años en los que el telón de fondo del «procés» también ha dejado su huella en la economía catalana: antaño era de las regiones en las que más crecía el empleo, pero ahora transita por la medianía nacional, claramente superada por Madrid. Y otro botón de muestra: en el trienio 2016-2018, la inversión extranjera se hundió en Cataluña un 64%, mientras que en Madrid se disparó un 259%.

Entre 2008 y 2019, los saldos migratorios interiores -los que se producen entre regiones españolas- le hicieron ganar 103.598 habitantes a la Comunidad de Madrid; Cataluña, sin embargo, perdió 7.573 pobladores.

A la cola de España

En 2019, Cataluña fue la segunda comunidad con peor saldo migratorio interautonómico, solo por detrás de Castilla yLeón -una región especialmente azotada por el envejecimiento y la despoblación rural-. El año pasado, incluso Andalucía y Extremadura arrojaron saldos migratorios interautonómicos más favorables que el catalán, pese a ser dos regiones tradicionalmente de intensa emigración -de la que se nutrió ampliamente Cataluña-.

Los datos del INE revelan que, en los dos últimos años, Cataluña ha perdido 9.352 españoles como consecuencia de los flujos migratorios entre autonomías. Al resto de España solo le logra arrebatar población extranjera, sobre todo marroquíes y rumanos. Así, en el último bienio y fruto de las migraciones interautonómicas, Cataluña ha ganado 1.276 marroquíes y 407 rumanos que, tras haber recalado en otras comunidades españolas, han acabado asentándose en municipios catalanes.

«La inversión quiere tranquilidad, y en Cataluña esa calma se ha visto dañada por las tensiones independentistas», recuerda el profesor Rafael Pampillón, director de Análisis Económico del IE Business School. El «procés» no solo ha dinamitado la llegada de inversiones exteriores sino que ha expulsado otras ya asentadas. «Hubo una deslocalización muy fuerte de empresas que se trasladaron a otras regiones para protegerse de los riesgos del independentismo», recuerda Pampillón.

Estructura productiva

Además, este especialista suma otro factor añadido: el cambio de la estructura productiva, la pérdida de peso de la industria y el auge de los servicios. Cataluña ha sufrido lo primero, pero no ha sido capaz de compensarlo con lo segundo, a diferencia de Madrid, muy competitiva en el sector servicios y que, además, también ha atraído inversiones industriales.

Pampillón advierte que esa deriva de Cataluña es preocupante, porque acaba afectando al agregado económico de todo el país. «Hay empresas que se han deslocalizado de Cataluña y han ido a otros puntos de España, pero otras se han ido a otros países, y esto es malo para todos. A España le interesa que Cataluña crezca, que no se deprima económicamente y compre productos y servicios al resto del país», indica.

El profesor de Historia Económica de la Universidad de Zaragoza y analista de movimientos migratorios, Javier Silvestre, explica que el declive de la industria catalana está condicionando su demografía. «En el pasado, Cataluña estaba mucho más industrializada que Madrid, pero gran parte de aquella industria ha ido desapareciendo. Era aquel tejido industrial que atraía a Cataluña gente de Andalucía, Extremadura o Galicia, como también de Aragón o de la Comunidad Valenciana. Esa industria ha perdido peso y lo ha ganado el sector servicios, y en servicios Madrid está creciendo mucho más».

Silvestre indica que los movimientos migratorios que se dan actualmente dentro de España son muy distintos de los que se dieron hasta los años 70 del siglo XX. «La gente se mueve por las diferencias de oportunidades y ahora la economía depende mucho más del sector servicios». Además, «ahora las regiones españolas están mucho más equilibradas económicamente que hace 30 ó 40 años», por lo que los movimientos migratorios entre autonomías son menos acusados y más selectivos.

Madrid, una gran imán socioeconómico

Al contrario de lo que ocurre en los territorios que son emisores netos de población -caso de Cataluña-, la capital de España destaca entre los que son receptores de nuevos pobladores. Madrid no deja de crecer a base de atraer población de otras regiones de España -sin contar los que llegan directamente del extranjero-. Los últimos datos del INE han desvelado que, en 2019, Madrid ciudad ganó 64.124 habitantes gracias a las denominadas «migraciones interiores»; es decir, gracias a quienes llegan a vivir a la capital procedentes de otros municipios de toda España.

En Madrid son muchos más los que acuden a vivir que los que se marchan. Los flujos demográficos del último año lo dejan claro: esta gran urbe recibió 204.638 nuevos vecinos, frente a los 140.514 que se marcharon a vivir a otros puntos de España. Es decir, el saldo migratorio de 2019 dejó en Madrid un aumento neto de población de 64.124 habitantes. Y es especialmente significativo que la inmensa mayoría son jóvenes. Las perspectivas laborales que ofrece la capital de España hacen que atraiga fundamentalmente a jóvenes o a familias con hijos pequeños. En definitiva, Madrid gana población activa y en edad de procrear, lo que refuerza el potencial demográfico y económico de la ciudad de cara al futuro.

En 2019 de los 64.124 habitantes netos que ganó esta urbe gracias a los flujos migratorios, 54.320 tenían menos de 35 años. Es decir, de cada 100 nuevos habitantes que sumó con las migraciones, el 85 tenían menos de 35 años.

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