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Economia

De colchones a mascarillas: la transformación que podría resucitar el sector textil en Salamanca

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Cristina Montalvo – Niusdiario

  • Mascarillas Béjar surgió de una empresa de colchones y hoy fabrica 30 millones de mascarillas al mes

Que la primera fábrica de mascarillas españolas naciera, pocas semanas después del estallido de la pandemia, en una zona de importante tradición textil no fue una coincidencia. En Béjar, una ciudad de poco más de 12.000 habitantes de Salamanca, sobrevívia una pequeña empresa de colchones y almohadas que vio en la crisis del covid una oportunidad para reinventarse. Lo consiguieron con creces, porque tras lograr fabricar 30 millones de mascarillas al mes, trabajan ya en su expansión internacional y apuestan por ser la semilla de la resurrección de la industria textil en la zona.

La deslocalización empresarial había pegado duro a esta zona, y Fibras Textiles Sánchez, una empresa con más de 25 años de historia, sobrevivía a comienzos de 2020 con seis empleados. Al estallar la crisis tuvieron la sensación de que quizá había llegado el momento de cerrar para siempre, pero decidieron arriesgar. “Sabíamos, por los proveedores textiles internacionales, que la enfermedad que había surgido en China iba a hacer que las cosas se pusieran muy feas”, explican fuentes de la compañía.

La reconversión empezó gracias a internet

A comienzos de marzo, junto a un socio financiero y otro encargado de la distribución, se pusieron manos a la obra: compraron en internet, a través de la web de Alibaba, una máquina para fabricar mascarillas por más de 230.000 euros.  “Con todas las fronteras y los aeropuertos cerrados sufrimos mucho esperándola”, recuerdan. Pero llegó, dos semanas después y con las instrucciones de montaje en chino, así que hubo que contratar traductores para ayudar a los ingenieros a montarla y ajustarla.

Tampoco fue fácil conseguir la materia prima para fabricar las mascarillas. Tras lograr importar, también desde China, la primera partida del TNT (textil no textil, el material del que están hechas las mascarillas quirúrgicas) el país decidió interrumpir las ventas de este material a Europa. No les quedó más remedio, explican en la empresa, que buscarse la vida –y el material- que encontraron en Israel, Turquía, Egipto y Polonia, hasta que China restableció las ventas.

Así arrancaron una historia de éxito, con las primeras mascarillas producidas en España, que les ha empujado también a innovar. Por un lado apostaron por crear un nuevo tipo de con un material nanotecnológico que, dicen, se asemeja a la composición de la piel humana. Fue ideado con cuatro diseñadores de moda nacionales y se confecciona enteramente con fabricantes españoles. Por otro lado, han incorporado la producción de FFP2 desde finales del pasado año coincidiendo con la tercera ola de pandemia que que ha disparado el uso de estas mascarillas.

Internalización y planes de futuro

El futuro, además, no asusta a esta empresa nacida con la pandemia, que tiene clara su voluntad de pervivir más allá de ella. Y es que a pesar de la esperanza que suponen las vacunas, en Mascarillas Béjar consideran que la necesidad de estos productos se mantendrán aun durante algún tiempo. “Nuestra intención es crecer, a la vez que reforzamos Europa, en el mercado mundial, donde tendremos todavía necesidad de usar la mascarilla como elemento de protección a lo largo del año 2022, de acuerdo con las previsiones de la OMS”, explica su presidente Francisco Sans.

Y es que esta empresa ya exporta el 20% de su producción fuera de nuestras fronteras, principalmente a Alemania, Reino Unido y Portugal, aspira a convertirse en proveedor mundial de mascarillas. Aseguran que a este intrumento de protección le queda una larga vida entre determinados colectivos, en hospitales y centros médicos, profesiones prioritarias y en aquellos países donde, quizá, el ritmo de vacunación no sea tan elevado.

No solo eso, en la cabeza de los responsables de esta empresa está también la idea de que el proyecto creado por la crisis del covid pueda servir también, -cuando todo pase- a ayudar a resucitar la industria textil de la ciudad que ha dado nombre a la compañía.

Recuperar la tradición textil

“Confiamos, creemos y vamos a seguir apostando por Béjar y por su valle textil en nuestros planes de futuro. Debería volver a recuperar la esencia de lo que representó, en España y Europa, en producción y coger el protagonismo económico e industrial que merece”, señala Sans sobre el futuro una actividad que alcanzó su momento de máximo esplendor en los años 50 del siglo pasado.

En esa etapa dorada la ciudad llegó a contar con un centenar de empresas textiles y daba trabajo a más de 3.500 personas, un 40% de esos puestos ocupados por mujeres. En los años 70 se inició el declive de la industría en Béjar, que recibió el golpe definitivo con la globalización.

Desde entonces la ciudad ha perdido una cuarta parte de su población y ha sido incluida por la Junta de Castilla y León en un plan de industrialización urgente para entornos que hayan sido víctimas de la deslocalización. Mantiene cinco empresas textiles que emplean a menos de cien trabajadores.

Algunas de esas compañías ya han mostrado sus dudas de que la producción de material sanitario sirva para reimpulsar el sector por la dificultad de adaptar la producción habitual a esa nueva demanda, pero el profesor del área de Ingenieria Textil en la Universidad de Salamanca, Javier Ramón Sánchez, es más optimista.

“Es cierto que va a ser difícil, pero en Béjar hay mucha gente que entiende muy bien de confección y, material como los EPIs de pueden hacer perfectamente. No me atrevería a decir ahora si la fabricación de mascarillas es una apuesta de futuro, pero es una iniciativa buena, oportuna y está claro que ha sido un punto de inflexión: en una situación de decadencia a alguien que se le ocurre algo y lo está haciendo bien. ¿Servirá para reimpulsar la industria textil bejarana? Por si solo, no. Tendría que haber otras iniciativas más que, de momento, no se han producido”, señala.

De momento, el éxito de su mascarillas ya ha permitido a Mascarillas Béjar, que cuenta con cerca de un centenar de empleados, ceder trabajo a otras fábricas para asegurar la producción. El tiempo dirá si la pandemia fue la oportunidad de reinvención de una fábrica de colchones o el primer paso de la recuperación de una industria en extinción.