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Doña Sofía, la Reina que ha sabido estar en su sitio contra viento y marea

A Corinna Larsen le molestaba que Doña Sofía besara a Don Juan Carlos en público

Con camisa de cuadros, alpargatas y pantalones vaqueros, la Reina Doña Sofía estuvo ayer recogiendo la basura arrojada sobre una playa de Málaga. Su primera aparición en público, tras las declaraciones de Corinna Larsen, no pudo ser más metafórica. Si una utilizaba una entrevista en el «Paris Match» para arrojar más basura en la ya de por sí enfangada realidad española, la otra recogía residuos.

Una vez más, Doña Sofía marcaba distancias con la ambiciosa mujer que un día soñó con ocupar su puesto. Pero lo más sorprendente es que la Reina no ha hecho nunca nada con esa intención. A Doña Sofía le mueven otros pensamientos. Ella siempre ha sabido estar en su sitio, que no es otro que el que los españoles esperan y desean de un miembro de la Familia Real. Hija, hermana, esposa, sobrina, nieta y madre de Reyes, ella cree que uno debe procurar estar siempre a la altura de las circunstancias, aunque los demás no lo estén. A las personas que actúan así, las bajezas de los demás las engrandecen.

Mantener esta actitud no ha sido fácil en los últimos años, en concreto desde que Corinna Larsen irrumpió como un tornado destructor en la vida de Don Juan Carlos. Mucho antes de que la opinión pública conociera la existencia de esta mujer, ya empezaron a vivirse situaciones tensas en el entorno del entonces Monarca, incluso en los actos institucionales en los que tradicionalmente comparecían juntos Don Juan Carlos y Doña Sofía. Según fuentes próximas al viejo Rey, a Corinna le molestaba que se publicaran fotos que reflejaran gestos de cercanía y cariño de los Reyes, y así se lo hacía saber. Sin embargo, nadie podía evitar que Doña Sofía besara en público a su marido cuando consideraba que debía hacerlo. Motivos no le faltaron, aunque a veces la opinión pública no tenía las claves para interpretar lo que veía.

Por ejemplo, una mañana de finales de septiembre de 2013, mientras Don Juan Carlos, Doña Sofía y la Infanta Elena esperaban en el jardín de La Zarzuela a los nuevos Reyes de los Países Bajos, la Reina de repente se acercó al Rey y le dio un beso ante las cámaras y los periodistas, que inicialmente solo vieron un gesto cariñoso. Horas después supieron que esa misma mañana los médicos habían comunicado al Rey que debía volver a operarse, y no una, sino dos veces, para reemplazarle una prótesis de cadera infectada que podía llevarse su vida por delante. «Tengo unos dolores que me están matando», se oyó decir a Don Juan Carlos, antes de recibir a sus invitados. En aquel momento, ya todo el mundo conocía la existencia de Corinna, pero la Reina siguió, como siempre, en su sitio, sin un mal gesto ni un reproche, al menos en público. Y esa actitud de gran señora ha sido muy valorada por los españoles, que siguen otorgando a Doña Sofía la máxima puntuación en las encuestas sobre la Monarquía.

Para contrarrestar estos apoyos, Corinna ha intentado esta semana atacar a Doña Sofía, pero ha vuelto a pinchar en hueso, pues la ha acusado de organizar un golpe de Estado para que Don Juan Carlos abdicara. Es decir, Corinna acusa a la Reina de haber contribuido a salvar la Monarquía.

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