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Comer en familia reduce la obesidad y evita trastornos alimentarios en los adolescentes

Los expertos recomiendan compartir al menos una comida al día con la familia
Los expertos recomiendan compartir al menos una comida al día con la familia

Ana Garcia Quesada – NIUS Diario

  • Un estudio demuestra que los beneficios de la dieta mediterránea provienen tanto de los alimentos que consumimos como de la manera en que los comemos

  • Conversar en familia y compartir la comida ayudan a reconocer la sensación de saciedad

  • En el Día Mundial de la Salud los expertos reivindican los beneficios de la dieta mediterránea “cuando se comparte en familia”

La dieta mediterránea no es solo recomendable por los alimentos que incluye, también por la compañía que tenemos cuando se ingieren. Al parece no solo importa lo que se come, también cómo y con quién se come. Un estudio acaba de demostrar que esa  costumbre tan nuestra de sentarse alrededor de la mesa para comer en familia tiene muchos beneficios para la salud.

Así lo apunta una investigación realizada por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y por la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) que se ha publicado en la revista científica  International Journal of Environmental Research and Public Health.

“El estudio demuestra que esta convivialidad o comensalidad en que es común conversar y comer de manera más lenta ayuda a tener una sensación de saciedad en las comidas que evita los trastornos alimentarios y ayuda a prevenir la obesidad”, explica a NIUS la investigadora del estudio Anna Bach-Faig.

“Igual que aconsejamos a las familias comer cinco piezas de fruta y verdura al día se podría recomendar hacer como mínimo una comida en familia al día“, añade la especialista. “Es un todo, ambos ingredientes son fundamentales. Era algo que ya se intuía pero era necesaria la demostración científica”, argumenta.

La investigación establece que las rutinas de las comidas familiares, “como compartir los alimentos, sentarse alrededor de una mesa sin aparatos digitales o tener una conversación agradable, son aspectos beneficiosos para la salud de los adolescentes”, asegura Bach-Faig.

“En un momento en el que el confinamiento por la pandemia ha revivido las comidas en familia, este estudio apunta a uno de los posibles aspectos positivos de la situación que nos ha tocado vivir”, explica la investigadora.

Las bases del estudio

Se ha llevado a cabo mediante entrevistas en profundidad a familias en Cataluña con adolescentes de entre doce y dieciséis años, con la intención de analizar uno de los aspectos menos estudiados de la dieta mediterránea: “la socialización en las comidas y cómo la manera en que se consumen los alimentos repercute también en la salud.

“Para llevar una dieta saludable, no solo influye lo que comemos sino también cómo lo comemos”, insiste Anna Bach-Faig. “La dieta mediterránea es mucho más que una lista de alimentos. Es un modelo cultural que incluye cómo se seleccionan, se producen, se procesan y se consumen esos alimentos.”

Para determinar la mayor o menor convivialidad en las familias estudiadas, los investigadores analizaron la frecuencia y la duración de las comidas familiares, el lugar donde se hacían, el uso de aparatos digitales, la preparación de los alimentos y el tipo de comunicación que se establecía en dichos encuentros.

Lo que arroja el estudio

Según el estudio, la mayoría de las familias se reunía únicamente para la cena y sus hábitos variaban dependiendo de si comían solos o con sus seres queridos. La investigación identificó que las comidas familiares eran un espacio para comunicarse y socializar, y que cuando las familias les dedicaban menos tiempo, no se sentaban a la mesa, se distraían con aparatos digitales o no mantenían conversaciones agradables en esos encuentros, también seguían en menor medida la dieta mediterránea.

Para la mayoría de los progenitores, comer en familia era especialmente importante si tenían hijos o hijas adolescentes ya que favorece la conversación y estrecha los lazos familiares. “Me ha gustado mucho una frase de una de las familias entrevistadas que decía que cuando los niños son pequeños es todo más fácil, pero en la adolescencia hay una desconexión entre tú y ellos y, mediante estas conversaciones, uno puede entrar un poco en su mundo, conectar con ellos”, cuenta la investigadora.

Además, la mayoría de las personas encuestadas consideraba que, gracias a estas comidas familiares, “los progenitores se convierten en modelos que ayudan a establecer patrones saludables para sus hijos”, indica Bach-Faig.

Esta impresión coincide con los resultados de otros estudios, en los que se demuestra que comer en familia se relaciona con una dieta más saludable, con más verduras y frutas y menos bebidas azucaradas.

Comer en familia frena “la invasión de la dieta occidental”

Para la experta en nutrición Anna Bach-Faig, preservar las tradiciones en la manera de comer es esencial para conservar los beneficios de la dieta mediterránea y promover la salud de las nuevas generaciones. Pero, desde hace varias décadas, la dieta mediterránea pierde peso ante la llamada dieta occidental, en la que predominan los alimentos procesados y comer de manera rápida, muchas veces frente al televisor. “Estos son los ingredientes que, junto a la falta de ejercicio físico nos están llevando a un problema serio de obesidad en la población más joven”, alerta.

“No solo es necesario volver a esos platos de cuchara de nuestras madres o abuelas también hay que recuperar la tradición de comerlos juntos”, sentencia la investigadora. “Ambas cosas son ingredientes básicos de la dieta mediterránea”.