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Caterina Calsamiglia, experta en educación: “En España los exámenes no entrenan a los alumnos a pensar”

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NIUS Diario

  • “Los exámenes que se hacen son básicamente para replicar los contenidos impartidos en clase, y no para extrapolar lo aprendido y generar ideas nuevas”

  • “¿Por qué no puedes ir entregando trabajos todo el año e ir demostrando tu evolución? ¿Por qué tres días a lo loco y jugárselo todo y creernos que esto refleja algo?”

La doctora en Economía por la Universidad de Yale Caterina Calsamiglia cuestiona el modo en cómo se plantean las notas y los exámenes en el actual sistema educativo español, que en su opinión “no entrenan a pensar” ni capacitan a los jóvenes para tener una vida saludable y productiva en un mundo cambiante.

“Los exámenes no hacen daño, hacerlos no es malo, pero el tipo de evaluaciones que usamos son básicamente replicar los contenidos impartidos en clase. Si incorporaran la capacidad de extrapolar lo aprendido o generar ideas nuevas podría ser una evaluación más interesante”, afirma a EFE Calsamiglia, que esta semana ofrece una clase magistral en la Fundación La Caixa. “La capacidad de réplica -añade- no demuestra que esos contenidos que has aprendido sean útiles para tu vida, los puedes vomitar y después te olvidas”.

Impulsora de una metodología que busca capturar y desarrollar las habilidades socio-emocionales (Pentabilities), Calsamiglia duda también sobre la eficacia de hacer los exámenes en unos pocos días, necesariamente por escrito y de forma individual.

“¿Por qué no puedes ir entregando trabajos todo el año e ir demostrando tu evolución? ¿Por qué tres días a lo loco y jugárselo todo y creernos que esto refleja algo?”, se interroga la profesora.

El problema fundamental en España, continua, es la EBAU (antigua Selectividad): la cambiamos o estamos “matando” el bachillerato (ya que está orientado en exclusiva a su preparación).

Si en la EBAU “en lugar de pedirme qué dijo Kant o la historia de España del 36 preguntara qué cosas de la transición pueden predecir qué puede pasar en los próximos años, sería un ejercicio distinto, pero ahí la gente se siente incómoda porque se pregunta: ¿Cuál es la respuesta correcta y cómo evalúo si está bien argumentado o no?”.

Al profesor “le entra el pánico” a todo lo que no se pueda definir como respuesta correcta o incorrecta y “acabamos haciendo unos exámenes totalmente absurdos para que sean súper estándar y su corrección también lo sea”.

Apuesta, en este sentido, por un modelo tipo Bachillerato Internacional que requiere madurez argumentativa, capacidad de extrapolación y cuya evaluación corre a cargo de dos personas y si sus notas difieren mucho se pone a una tercera. “Es más trabajo pero el impacto es monumental”.

En definitiva, “debemos ampliar el tipo de cuestiones que buscamos en el alumno, y no es que los contenidos no importen, sí importan, pero no a costa de todo. Los contenidos son una excusa perfecta para tú desarrollar la capacidad de generar ideas, de asociar, de coordinarte con otros y trabajar en equipo”.

En realidad, añade Casmiliglia, quien actualmente imparte Economía en la Universidad Pompeu Fabra, la educación es una “secuenciación de retos que permiten desarrollar nuevas competencias y que tienen que estar calibradas para que no te pases de exigente ni te pases en sentido contrario para no aburrirte”. En cuanto a la notas cree que no dan el ‘feedback’ de lo que es relevante: cuán autónomo estoy siendo o cuán creativo soy.

“Llamarlo un 7 o un 8 no tiene mucho sentido. Es más útil que te digan, por ejemplo, que cuando te frustras, te colapsas y pierdes la capacidad de trabajo, o que tienes buena comprensión, pero te cuesta tomar iniciativa. Esto es súper relevante y lo trabajamos cero en el colegio”. Además, añade la economista, sacar buenas notas no necesariamente conduce a una vida mejor.

Por otro lado, argumenta que el profesor debe cambiar el chip de que ya no es la persona responsable de todos los niños sino de generar un entorno en el que se pongan a trabajar de forma autónoma. “Al profesor le cuesta mucho olvidar que su rol ya no es el de dar todo el contenido a los alumnos y darle las soluciones sino que parte de la cuestión es dejarlos. A veces, es mejor observarlos 10 minutos y que te den un buen feedback, formulen las preguntas clave y ayuden a desencallar”. Pero esto último “no nos lo han enseñado a hacer. Tenemos que acompañar a los profesores, porque yo igual quiero pero me frustro”.

Parte de la investigación de Calsamiglia se ha convertido en una “spin off” que ha comenzado a trabajar con instituciones educativas para evaluar aspectos “no memorísticos sino de autonomía, iniciativa o responsabilidad observando comportamientos muy concretos en el aula”.

Con su método Pentabilities (que es también app), la profesora ha construido una serie de comportamientos -ahora mismo 34 – que son los que se deben observar en el aula o en cualquier otro entorno en el que se trabaje de forma conjunta. Actualmente se está aplicando en la Universidad de Bonn, en el Máster de profesores y en Biomedicina de la Pompeu Fabra, en un nuevo grado de ESADE y también se está trabajando en la FP.