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‘Caradura sin Fronteras’: lo del socialista Sánchez

Se ha pasado el caradura 13 días sin hablar con Pablo Casado, a quien ahora insta a que le apoye y ni ha descolgado en todo este tiempo el teléfono a Isabel Díaz Ayuso, la presidente popular de la atribulada Comunidad de Madrid

Yo no lo aguanto y debo confesar que, así como a las 9 en punto de la noche de este 4 de abril de 2020 salí al balcón a darle mamporros a una cacerola, uniéndome a los cientos de miles de españoles que exigieron que Pedro Sánchez se marche, no vi el nuevo ‘Aló Presidente’ que se largó a la hora de comer.

Imagino que muchos ciudadanos harían como yo, pues los cincuenta minutos de chapa de fueron más de los que nos merecemos en estos días de cansino encierro.

He tenido que leer las reseñas de los sacrificados que aguantaron frente a la pantalla y la inmensa mayoría -excluidos por supuesto los palmeros de la ‘Brunete Pedrete que han recibido ya fondos públicos o los esperan- parece coincidir en que lo esencial de la patética alocución del líder del PSOE es que ahora propone una salvadora reedición de los Pactos de La Moncloa para salvar a Sánchez.

Con toda la cara. Los ciudadanos, desde esa mujer que se pregunta en una estremecedora carta a su padre muerto por coronavirus ‘quiénes son ellos para decidir quien debe vivir y quién morir’, a los cientos de miles de autónomos condenados a la ruina por un Gobierno inepto, pasando por los guardias civiles, los policías y los sanitarios, sólo anhelamos que este presidente infame y sus compinches pidan perdón y nos comuniquen la fecha, no en que acaba el Estado de Alarma, sino su estancia en el poder.

Es imprescindible ampliar el confinamiento, pero es urgente modularlo para que no se colapse la economía y que muchos, que no corren excesivo riesgo, sigan trabajando.

Y dicho esto, resulta insultante que Sánchez ni piense en eso e intente aprovechar la tragedia acentuada con su criminal irresponsabilidad y su cerril incompetencia, para intentar perpetuarse en La Moncloa.

Que nadie se deje engañar por su impostada cara de Dolorosa o el tono de falsa humildad.

Sánchez le importa mucho más seguir en la poltrona y viajando en Falcon que resolver la pandemia del coronavirus y evitar que España entre económicamente en barrena.

Si fuera un estadista, un patriota y pensara de verdad en los españoles, en lugar de permitir a sus socios golpistas catalanes y a los proetarras de Bildu tramitar iniciativas parlamentarias para despenalizar las injurias al Rey, estaría pactando la estrategia anticoronavirus con la oposición, como le aconseja Felipe González.

Se ha pasado el caradura 13 días sin hablar con Pablo Casado, a quien ahora insta a que le apoye y ni ha descolgado en todo este tiempo el teléfono a Isabel Díaz Ayuso, la presidente popular de la atribulada Comunidad de Madrid.

Tampoco se ha dignado a tender la mano a Inés Arrimadas de Cs o ha intentando hacerlo con Santiago Abascal de VOX.

Su gestión, nefasta, errática e improvisada, no se corrige usando frases de Kennedy o tuteando a los espectadores.

Aconsejado sin duda por Iván Redondo, José Félix Tezanos y sus ‘gurús’ mediáticos, confiando en que RTVELaSextaAntena 3Telecinco y el resto sigan silenciando sus disparates, mantiene cerrado el Parlamentoimpone la censura previa y maniobra para que cualquiera que critique su gestión termine tachado de “miserable”, “antipatriota” o, en el mejor de los casos, “irresponsable”.

Pues no nos vamos a callar y estamos seguros de que tampoco lo harán muchos millones de españoles. Al menos, los de las cacerolas.