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Bruselas quiere normalizar las relaciones con Turquía

Brusulas quiere normalizar relaciones con Turquía
Brusulas quiere normalizar relaciones con Turquía

NIUS Diario

  • Von der Leyen y Michel viajan a Ankara

  • Erdogan necesita mejores relaciones con Europa después de perder a Donald Trump

La última cumbre europea, celebrada el pasado jueves 25 de marzo, dio luz verde a las instituciones europeas para normalizar las relaciones con Turquía “si la desescalada actual se mantiene”, en referencia a las recurrentes tensiones que lastran las relaciones de Turquía con Grecia y Chipre.

Turquía es una de las piezas más importantes para que Europa tenga un vecindario tranquilo. Es clave en la gestión del flujo migratorio, en la lucha contra el terrorismo y el tráfico de drogas, en la gestión de las vías de transporte de hidrocarburos, en el conflicto libio y en general en la estabilidad del Mediterráneo oriental.

Con el visto bueno de la última cumbre, el presidente del Consejo Europeo Charles Michel y la presidenta de la Comisión Europea Úrsula Von der Leyen, viajan este martes a Ankara para reunirse con el presidente turco Recep Tayyip Erdogan. Bajo el brazo llevan las conclusiones de esa última cumbre, que dicen que “la Unión Europea está preparada para comprometerse con Turquía por fases y de forma proporcionada y reversible para reforzar la cooperación en un cierto número de áreas de interés común”.

En esa carpeta está por ejemplo la modernización del acuerdo de unión aduanera, clave para la economía turca. Y una promesa que Europa lleva haciendo a Turquía desde al menos 2015 y no termina de cumplir: la eliminación de la exigencia de visados a los ciudadanos turcos que viajen a algún país de la Unión Europea por períodos menores a tres meses. Los turistas y los viajeros de negocios no tendrían que pedir visado.

Von der Leyen y Michel llevan una rama de olivo a un Erdogan que hasta este lunes ha estado denunciando supuestos intentos de golpes de Estado y que mantiene una dura represión contra los medios de comunicación, la oposición política, las minorías nacionales y sectores como la judicatura o las universidades.

Rebajar tensiones

El objetivo es tranquilizar el vecindario europeo después de años de que fueran creciendo las fricciones hasta el punto de amenazar con un conflicto cuando el pasado verano Turquía envió parte de su flota militar a proteger prospecciones de hidrocarburos en aguas que la Unión Europea considera de soberanía griega y chipriota. La amenaza de sanciones hizo que Erdogan pisara el freno, retirara los buques y aceptara entablar conversaciones con Grecia, las primeras desde 2016.

Von der Leyen y Michel buscarán pruebas de que Erdogan quiere, como repite, “pasar página”. El Gobierno turco asegura que quiere mantener una agenda “positiva” con la Unión Europea centrada en “acciones concretas”. Ankara también quiere modernizar el acuerdo migratorio de 2016 y que se mantenga viva la esperanza de una futura adhesión a la Unión Europea, que se arrastra desde hace décadas sin avances.

Además, Erdogan quiere que los europeos no hagan mucho ruido con sus últimos excesos, como la posible ilegalización del principal partido kurdo o la retirada de Turquía de la convención internacional que combate la violencia contra las mujeres.

La diplomacia europea entiende que Erdogan no puede mantener permanentemente las tensiones con Europa cuando su economía está sufriendo, su moneda se devalúa desde hace años y el cambio político en la Casa Blanca le ha dejado frente a un presidente estadounidense mucho menos amistoso que el anterior.

Los dirigentes europeos llevan una zanahoria a Ankara –y más dinero para gestión migratoria a un país que alberga a más de cuatro millones de refugiados- pero advierten que si no funciona no dudarán en usar el palo de las sanciones. Los turcos por su parte recuerdan que Europa prometió 6.000 millones de euros para ayudar a gestionar las necesidades de cuatro millones de refugiados y que sólo ha aportado 3.700 millones.

La nueva estrategia es acorde a lo que pedían países como Alemania (por el control migratorio) o Italia y España (por los equilibrios en el Mediterráneo) pero se hace con las reticencias de Grecia y Chipre (que preferían la mano dura) y en parte de Francia, después de que Macron y Erdogan llegaran a intercambiar insultos.