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Victoria Abril insiste tras la polémica: “La dictadura sanitaria de ahora es mucho peor que la de Franco”

La actriz explota contra el confinamiento y las vacunas con expresiones como ‘coronacirco’ y ‘plandemia’ en la presentación del Premio Feroz de Honor, que recogerá el próximo 2 de marzo

Tiembla, Miguel Bosé. Victoria Abril se saltó el jueves por la mañana todos los protocolos. Los del COVID y los otros. En Alcobendas, ciudad confinada, primero delante del alcalde y después ante quien osara preguntar, dejó claro cuál es su credo. El credo de una completa descreída. Pelo largo, vestido impecable de colores, sonrisa ancha y ni rastro de mascarilla. Teóricamente acudía a la ciudad madrileña a presentar el Premio Feroz de Honor que recibirá el próximo 2 de marzo en el teatro Coliseum de Madrid. La práctica fue aún más feroz. Por terrible quizá. “Siempre he tenido cierta aversión a los premios de homenaje. Da la impresión de que te quieren retirar. Pero éste lo he aceptado como un salvavidas para escapar del confinamiento francés”, comentó a EL MUNDO acabada la rueda de prensa de la discordia. Y siguió: “Ahora tengo claro que no son los premios los que me van a retirar, sino el COVID. Desde la segunda epidemia [por ola] no veo la tele ni las noticias. Antes estuve muy enganchada a internet. No al Facebook y eso, sino intentando comprender”.

Y de la comprensión en red quizá, la ferocidad negacionista. Poco antes, ante la prensa y autoridades se manifestó a favor de llamar a la pandemia ‘plandemia‘, y al coronavirus ‘coronacirco‘. Igual daban las preguntas de unos, las correcciones desesperadas de la presidenta de la Asociación de Informadores Cinematográficos de España (AICE) que concede los premios, María Guerra, o la mirada al techo del corregidor, Rafael Sánchez Acera. Ella a lo suyo. “Lo que más echo de menos es a la gente. Pero no a la gente desconocida. He visto a mi madre dos veces este año y a mis hijos que viven en París como yo, tres. Todo lo que estamos viviendo es una maniobra organizada que está destruyendo al hombre. Primero en su núcleo familiar y luego en todo lo demás”, comentó y repitió a quien quisiera escuchar.

 Y el número de muertes en todo el mundo, ¿también son un montaje?

puesto ni una puta mascarilla y lleva los mismo muertos que nosotros. Porque no hacemos eso. La inmunidad colectiva es más segura que la vacunas. [El gobierno sueco, igual que el británico, reconoció el error de optar por la inmunidad de grupo siendo su número de defunciones muy superior (125 por cada 100.000 habitantes) a países como Noruega (12 por cada 100.000), que sí confinó de manera drástica].

Los datos científicos testados por organizaciones internacionales independientes dicen que la vacuna es eficaz entre un 70% y un 90%, según el tipo.

Eso no son vacunas siquiera, son un experimento biológico que ni ellos mismos saben qué va a pasar. Es más, la gente de Pfizer se ha hecho un contrato divino que dice que no se hace responsable de ningún efecto secundario. Me dan mucho miedo.

Antes de llegar aquí, y con el estruendo de la comparecencia pública aún con eco, María Guerra corrió desde la tribuna a tiempo real y desde las redes sociales un poco más tarde a mostrar su rechazo con cada una de las afirmaciones vertidas en la sala de prensa por la protagonista de ‘Cambio de sexo’. En Twitter quiso “dejar claro que la organización no comparte en absoluto la opinión de la actriz”. La propia AICE manifestó a renglón seguido en un comunicado su compromiso “con las medidas sanitarias impulsadas por las autoridades nacionales, autonómicas y locales para la lucha contra el COVD”. Además, se subrayó que la ceremonia de entrega de los premios “cumplirá escrupulosamente con el protocolo de seguridad sanitaria vigente”, y que “exigirá también a todos los asistentes su estricto cumplimiento“. Incluida ella. Y así.

Y mientras tanto, Victoria Abril a lo suyo. “Yo soy hija de una madre soltera y sé perfectamente lo que es una dictadura católica en la que las madres no tenían derecho a tener hijos naturales. Ahora, tengo claro que la dictadura sanitaria de ahora es peor que la de Franco. Estamos confinados en un mundo de cielos cuadrados; en un mundo donde no hay hombres ni mujeres… Sí, entonces era más libre de lo que lo soy ahora. Por lo menos teníamos la única libertad de pensar, ahora no tenemos libertad de palabra… sí ya sé que me va a echar a los perros. No tengo nada que perder. Ya está bien de miedo”, dice de corrido sin admitir ni réplica ni dato ni juicio.

Bien es cierto, puntualiza ella misma, que su comparación es entre países. Abril, que vive en Paris desde los años 80, se lamenta amargamente del presidente galo Macron y de las estrictas medidas de encierro que mantienen desde que empezó la segunda ola cines, teatros, restaurantes y bares cerrados. Es decir, compara la España de su niñez con la Francia de ahora. “Al fin y al cabo, lo que se vive aquí, y por eso he decidido venirme aquí es una liberación comparado con aquello”, precisa en un amago por mal arreglar lo que a estas alturas ya carece de arreglo. “Einstein, que no yo, dijo que la obediencia ciega a la autoridad es enemigo de la verdad“, concluye.

Para el final, y concluido el asunto pandémico, deja otro asunto también cerca del conflicto. Y del apocalipsis. A su juicio, ninguna de las mejores películas que hizo en los 80 o los 90 se podría hacer hoy. “Lo políticamente incorrecto de los huevos ha acabado con el atrevimiento. Todo empezó con la nueva década, en cuanto cayeron las Torres Gemelas todo empezó a diluirse y ya no se puede llamar a las cosas por su nombre”.

¿Tan mal está todo a su juicio?

Ya no hay libertad de expresión y eso hará que el cine de autor desaparezca. Ya no hay sangre para contar historias de verdad. Tengo claro que la gente feliz no tiene historia. No vale la pena hacer películas con ellos.

Tiembla Miguel Bosé.