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Los medicamentos que consumimos terminan en el medio ambiente afectando a otros seres vivos

Medicamentos.
Medicamentos.

Unax Lertxundi, Saioa Domingo-Echaburu y Gorka Orive – NIUS Diario

  • El incremento en el uso de fármacos provoca que el volumen de residuos medicamentosos que acaba en el medio ambiente también aumente

  • Una idea atractiva y que a largo plazo puede resultar decisiva es la de diseñar medicamentos más ecológicos y biodegradables

  • La investigación y el desarrollo de nuevos sistemas de depuración, ya sean biológicos, físico-químicos, o una combinación de ambos, que eliminen estos residuos de forma eficaz y a un coste sostenible, deberían ser una prioridad

Entre 2000 y 2003 se observó un inusual incremento en la mortalidad de ejemplares de determinadas especies de buitre en el subcontinente indio. Su población disminuyó drásticamente, y las aves pasaron a engrosar la lista de animales en peligro de extinción. La causa sorprendió a la comunidad científica; se trataba de un medicamento antinflamatorio utilizado en el ganado: el diclofenaco. Quedó acreditado que estas aves carroñeras morían al alimentarse de cadáveres de vacas previamente tratadas con este fármaco.

Es evidente que vivimos en un mundo cada vez más contaminado. Los problemas de toxicidad ocasionados por hidrocarburos, metales pesados, pesticidas etc., son bien conocidos por la opinión pública. Sin embargo, desde hace un tiempo, se empieza a tener muy en cuenta a los denominados contaminantes de interés emergente, entre los que destacan los fármacos.

Las publicaciones en revistas científicas referentes a la presencia de productos farmacéuticos en el medio ambiente han crecido exponencialmente en las últimas décadas. Actualmente se estima que se están usando un total de, aproximadamente, 4.000 sustancias farmacológicamente activas diferentes a nivel mundial, tanto para medicina humana como veterinaria. El consumo de medicamentos no para de crecer, con una estimación de 4.5 billones de dosis consumidas solo el año pasado. Como es lógico, el incremento en el uso de fármacos hará que, paralelamente, el volumen de residuos medicamentosos que acaba en el medio ambiente también aumente.

¿Cómo llegan los fármacos al medio ambiente?

Los medicamentos pueden llegar al medio ambiente por muchas vías: producción, consumo y manejo de los residuos. Aunque actualmente se considera que la fuente más importante son las aguas residuales, los fármacos pueden llegar al medio acuático por otros medios entres los que se incluyen, por ejemplo, la acuacultura, el agua de escorrentía del sector agrícola, etc. Además, las estaciones de depuración de aguas residuales no están específicamente diseñadas para eliminar fármacos, por lo que algunos de ellos permanecen inalterados y son vertidos a los ríos y nichos ecológicos.

Hasta el momento se han detectado residuos de más de 700 fármacos diferentes en el medio ambiente, principalmente en aguas residuales, ríos y lagos, pero también en suelo, aire e incluso en el agua del grifo que bebemos. A pesar de todo, aún hay muchas sustancias de las que no se sabe nada, y aún hay países para los cuales la información disponible es muy limitada. Algunos fármacos, como el ansiolítico oxacepam, persiste sin degradarse durante décadas.

Por desgracia, además del diclofenaco, otros muchos fármacos han demostrado producir efectos nocivos en el medio ambiente. El efecto de los anticonceptivos hormonales en la feminización de peces y anfibios, y la aparición de resistencias por vertidos de antibióticos son posiblemente los más conocidos. Las dianas terapéuticas y los sistemas fisiológicos en las que actúan los fármacos que usamos habitualmente no son exclusivos de los seres humanos, y muchas de esas estructuras y rutas de señalización están presentes en muchos organismos vivos.

Estudios recientes sugieren que determinados fármacos, al igual que ocurre con otros contaminantes como los pesticidas, pueden acumularse a lo largo de la red trófica. Esto explica que las concentraciones en los tejidos de peces e invertebrados pueden ser mayores que las que encontramos en ríos y lagos. Además, este proceso de bioacumulación no se restringe al medio acuático, ya que se ha comprobado que los escarabajos del estiércol pueden acumular fármacos antiparasitarios como la ivermectina en sus tejidos.

El abordaje de la farmacontaminación se encuentra entre las líneas de investigación prioritarias de los principales organismos dedicados a la protección de la salud pública y medioambiental, tales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) o la Comisión Europea. Los medicamentos ofrecen un beneficio incuestionable, tanto a la salud humana como animal, por lo que habría que evitar medidas que restrinjan el acceso a aquellos fármacos que resulten necesarios. Por lo tanto, para afrontar el problema de la farmacontaminación será necesaria una estrategia integral, contando con la participación de todos los agentes implicados en el complejo ciclo de vida del medicamento.

Medicamentos más ecológicos

Una idea atractiva y que a largo plazo puede resultar decisiva es la de diseñar medicamentos más ecológicos y biodegradables, “fármacos más verdes”. Se trata de fármacos que, manteniendo su eficacia y seguridad, se eliminen de forma rápida una vez lleguen al medio ambiente. Asimismo, necesitamos ahondar en un mejor uso de los medicamentos, es decir, usarlos de forma “racional”, con una perspectiva de “una única salud” o “One Health”, tratando de conseguir una salud óptima para las personas, los animales y nuestro medio ambiente, teniendo en cuenta las interrelaciones existentes.

Probablemente, en un futuro no muy lejano, sea necesario implementar un concepto revolucionario como la “eco-prescripción”, o “prescripción verde”, donde los médicos tendrán en cuenta las características y comportamiento medioambiental de los fármacos a la hora de prescribirlos.

Hasta ahora, los profesionales que se encargan de prescribir, administrar y dispensar los medicamentos han prestado poca atención al impacto medioambiental de los medicamentos, que ha sido abordado preferentemente por biólogos, químicos y otros perfiles profesionales. En este sentido, la educación tanto de los profesionales sanitarios como de la ciudadanía será general es un elemento clave en el abordaje de este problema.

La generalización de la adopción de esquemas de devolución como el SIGRE, en el que los residuos farmacéuticos son adecuadamente gestionados, será otro elemento clave. La optimización del tamaño de los envases y la extensión de las fechas de caducidad permitirá que los medicamentos que aún se pueden usar de manera segura no se desechen innecesariamente. Desde una perspectiva regulatoria, el Parlamento Europeo sugiere que se debe explorar el “etiquetado ecológico” de productos farmacéuticos de alto riesgo para el medio ambiente.

Mejora de la eliminación

Resulta imprescindible abordar el problema de los residuos ya generados. Teniendo en cuenta el creciente consumo de fármacos, la investigación y el desarrollo de nuevos sistemas de depuración, ya sean biológicos, físico-químicos, o una combinación de ambos, que eliminen estos residuos de forma eficaz y a un coste sostenible, deberían ser una prioridad.

Con el objeto de optimizar costes, y teniendo en cuenta que los hospitales pueden ser uno de los principales consumidores de determinados tipos de fármacos (algunos citostáticos, antibióticos de amplio espectro, contrastes iodados…), se ha propuesto optimizar el tratamiento de las aguas residuales en estos lugares, en vez de tratar el total del agua que llega a la depuradora.

Otra estrategia es la llevada a cabo por Suiza, país en el que todas las depuradoras a partir de un determinado tamaño van a ser mejoradas (tratamiento terciario con ozono y carbón activado) para eliminar eficazmente los fármacos (y otros contaminantes emergentes) con un coste aproximado de aproximadamente 1.000 millones de euros. Probablemente esta estrategia no es sostenible ni aplicable en la mayoría de los países. Además, la ozonización puede oxidar los fármacos produciendo nuevos productos de transformación con efectos aún desconocidos en el medio ambiente.

Se siguen estudiando y buscando métodos que mejoren el rendimiento de las depuradoras en la eliminación de fármacos. Un método curioso es el de la utilización de hongos xilófagos (hongos que se alimentan de la madera caída) como Trametes versicolor. Estos hongos poseen unas enzimas, denominadas “lacasas” con capacidad de oxidar una amplia variedad de sustancias orgánicas, incluyendo fármacos. También se han utilizado plantas y microorganismos asociados de la rizosfera (zona de interacción entre raíces de plantas y microorganismos del suelo) para descontaminar suelos, sedimentos, aguas subterráneas y aguas superficiales, entre otros. Es lo que se denomina “fitorremediación”.

En definitiva, para tratar eficazmente el problema de la farmacontaminación va a resultar necesario un enfoque interdisciplinar que permita integrar el conocimiento de los diferentes agentes implicados, incluyendo a los profesionales del ámbito sanitario, que hasta el momento no se han preocupado demasiado del impacto medioambiental de los medicamentos que habitualmente prescriben, dispensan y administran.