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Los científicos apoyan retrasar la segunda dosis, pero también usar todas las vacunas: “Hay que vacunar ya con todo lo que tenemos”

Sanidad plantea retrasar la segunda dosis de Pfizer y Moderna para poder inocular a más gente la primera y acelerar la inmunización de la población.
Sanidad plantea retrasar la segunda dosis de Pfizer y Moderna para poder inocular a más gente la primera y acelerar la inmunización de la población.

Irene Fernandez Novo – NIUS Diario

  • Estudios recientes han demostrado que la protección que ofrecen las primeras dosis de Pfizer y de Moderna es del 80%

  • Alex Arenas o Joan Carles March apuestan por seguir el modelo del Reino Unido: “Es la mejor estrategia, deberíamos haberlo hecho desde el minuto uno”

  • Daniel López-Acuña es contrario: “Poner las cuatro vacunas que tenemos es lo que tendría sentido epidemiológico”

Retrasar la segunda dosis de la vacuna para poder inmunizar a más gente con la primera. Vacunar a más personas vulnerables en menos tiempo. Aunque la protección no sea del 100% para el vacunado, hacerlo puede suponer un beneficio grande de cara a la sociedad, a esa inmunidad colectiva que puede frenar la expansión del virus, en plena cuarta ola de la pandemia y con menos vacunas disponibles de las esperadas. Muchos países ya lo hacen. Reino Unido fue el primero.

Ahora, España también lo estudia, para los menores de 80 años. el motivo está claro: tratar de correr más que el virus. Pero habría que aclarar también si es adecuado o arriesgado hacerlo, si es la mejor estrategia epidemiológica para agilizar la vacunación. El cambio propuesto implica a dos de las vacunas: Pfizer y Moderna, las dos de ARNm. Y supondría retrasar entre seis y ocho semanas la administración de la segunda dosis, que actualmente se inocula a los 21 días en la de Pfizer y a los 28 en la de Moderna.

“La propuesta no es la más adecuada y no se ajusta a las fichas técnicas y las recomendaciones de la EMA sobre esas vacunas. Si se posterga, debe ser dentro de la ventana que fue aprobada por la EMA: 42 días. No más allá. Sanidad trabaja con la hipótesis de que va a funcionar, pero no es la base sobre la que se aprobaron las vacunas”. Es la opinión de Daniel López-Acuña, epidemiólogo y ex directivo de la OMS.

¿La mejor estrategia para acelerar la vacunación?

Cree el epidemiólogo que hay que acelerar la vacunación en los mayores, pero no así. “Hay que poner toda la artillería en el grupo de 60 a 80 años, que en estos momentos tienen muy poca cobertura, hay que acelerar el ritmo”. Pero asegura que no se está enfocando bien el problema. “Necesitamos mejores coberturas de la población de 60 a 80 años, pero eso solo lo vamos a lograr si ponemos las cuatro vacunas que tenemos al servicio de esa población, sin límites de edad e indistintamente del tipo de vacuna”.

Su propuesta es clara: “No prescindir de Janssen y AstraZeneca, no establecer límites de edad, y volcarse por completo en estos grupos. Eso es lo que tendría sentido epidemiológico para reducir el riesgo de gravedad, hospitalización y muerte”. López-Acuña es “partidario de ir viento en popa a toda vela para ese grupo de edad. Pero no así. Si se razona epidemiológicamente, esto (retrasar la segunda dosis de Pfizer y Moderna) no es lo que hay que hacer”.

Para Joan Carles March, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública, la propuesta del epidemiólogo tiene sentido, pero la de Sanidad también. “Es buena esta estrategia y es buena la otra también. Cuatro vacunas, y más tiempo entre vacunas son las dos estrategias a complementar”.

Algo en lo que coincide el matemático e investigador Alex Arenas. “No me cabe la menor duda de que sería lo mejor: potenciar la vacunación de Janssen y Astrazeneca para vacunar con todo lo que tenemos. La vacunación es la joya de la corona: vacunemos con todo lo que tengamos”.

Pero tanto March como Arenas son partidarios del cambio propuesto por Sanidad, de seguir el modelo británico. “No es arriesgado retrasar la segunda dosis. Esa estrategia la ha seguido el Reino Unido y ha conseguido un número de personas vacunadas muy importante”. Opina lo mismo el divulgador científico Gorka Orive, que pone al Reino Unido como ejemplo y explica por qué.

También se muestra partidario de retrasar la segunda dosis para acelerar la vacunación el virólogo de la Universidad Autónoma de Madrid José Antonio López Guerrero. “Parece razonable, ha funcionado en Reino Unido. Me parece una buena idea abarcar al mayor número de personas con la primera dosis, de cara a esta cuarta ola que se está consolidando, y poner la que sería la dosis de refuerzo hasta, quizá, ocho semanas después”. Aunque insiste también en la necesidad de utilizar las demás vacunas: “No tiene sentido no poner la segunda dosis de AstraZeneca”.

¿Por qué antes se consideraba arriesgado?

Reino Unido, Dinamarca o Bélgica fueron los primeros en adoptar este modelo de vacunación, hace unos meses. Y muchos expertos, entonces, lo consideraron arriesgado. Por dos motivos, sobre todo: no había datos suficientes de la eficacia de la vacuna sólo con la primera dosis, y se temía que ello pudiera facilitar más mutaciones del virus.

La EMA, además, desaconsejó retrasar más de 42 días la segunda dosis de Pfizer, y la FDA advirtió de “efectos contraproducentes para la salud pública”. ¿Por qué? Por la falta de evidencia científica que respaldara la decisión. En los ensayos de ambas vacunas, a los pacientes que habían recibido sólo una dosis se les hizo un seguimiento fue muy breve, por lo que no estaba claro si su inmunidad sería potente y duradera.

En su informe del 4 de enero podemos leer: “Hasta que los fabricantes de vacunas tengan datos y ciencia que respalden un cambio, seguimos recomendando encarecidamente que se siga el programa de dosificación autorizado por la FDA para cada vacuna COVID-19”. ¿Ha cambiado ahora el panorama? ¿Hay nuevos datos y evidencias que respalden un cambio?

La protección de la primera dosis: un 80%

Ahora, contamos con un reciente informe de los CDC estadunidenses sobre la protección de las vacunas de ARNm en primera dosis. Publicado a finales de marzo, el estudio concluye que “en condiciones del mundo real… la eficacia de la vacuna en la inmunización parcial (14 días después de la primera dosis y antes de la segunda) fue del 80%”.

El estudio se realizó en una cohorte de 3.950 personas: personal de atención sanitaria, personal de primeros auxilios y otros trabajadores esenciales, en ocho ubicaciones de EE.UU. Entre el 14 de diciembre de 2020 y el 13 de marzo de 2021 les hicieron un seguimiento semanal, con pruebas de detección del SARS-CoV-2 durante 13 semanas consecutivas.

¿Y qué vieron? Que “entre las personas completamente inmunizadas (14 días después de la segunda dosis) se reportaron 0.04 infecciones por 1.000 personas-día, y que entre las personas parcialmente inmunizadas (14 días después de la primera dosis y antes de la segunda) detectaron 0.19 infecciones por 1.000 personas-día”. El estudio concluye que “la efectividad estimada de la vacuna de ARNm para la prevención de infecciones fue del 90% para la inmunización completa y del 80% para la inmunización parcial”.

Más protección al alargar las dosis

Con estos datos sobre la mesa, y con los de sus propios estudios, el matemático e investigador Alex Arenas es un firme partidario de apostar por la protección de esa primera dosis y posponer la segunda. “Ahora mismo, sería la mejor medida que se podría tomar, porque la primera dosis ofrece una protección muy elevada y podemos avanzar en la vacunación. Es la mejor estrategia, deberíamos haberlo hecho desde el minuto uno”.

Y explica algo más. “Los modelos dicen, incluso, que podríamos retrasarla más, pero estaríamos fuera del rango de especificidad de la vacuna”. Si se retrasa hasta el máximo que permite la propia vacuna, Arenas explica que los modelos han demostrado que “la mejor estrategia para conseguir una inmunidad suficiente para que la infección baje es alargar esta primera dosis hasta el límite que se permite. No se estaría haciendo nada fuera del rango”.

March coincide con él. “Un intervalo ampliado entre dosis da como resultado niveles más elevados de anticuerpos y mayor duración de la protección. Hay mucha literatura científica a favor de que la segunda dosis se dé más tarde, porque con el tiempo mejora la capacidad neutralizante del sistema inmunitario”. Reconoce que esto no es lo recomendado por la EMA, pero considera que “abrir la estrategia da buenos resultados, es bueno hacerlo”.

Sobre el riesgo de la aparición de variantes

Otro de los motivos por los que, hace meses, los expertos desaconsejaban retrasar la segunda dosis es el miedo a que pudiera estimular la aparición de nuevas variantes del virus. Uno de ellos, el prestigioso virólogo del Hospital Monte Sinaí Florian Krammer, advertía entonces en su perfil de Twitter de que, cuando se quieren generar mutaciones en laboratorio, lo que se hace es precisamente “someter al virus a una presión baja de anticuerpos”, y comparaba esa situación con que habría tras una primera dosis si la segunda se posterga.

Ahora, Arenas advierte de “los modelos ya incluyen la posibilidad de nuevas variantes, todo está muy trabajado. Las variantes que hemos tenido han surgido en condiciones de extrema incidencia y son un problema, pero retrasando la segunda dosis no forzaremos al virus a mutar, pasaría en cualquier situación”. Cree además que “con la extraordinaria efectividad de estas vacunas, la presión selectiva a la que sometemos al virus nos da más beneficio que riesgo. Además, estas vacunas ya ofrecen protección frente a las variantes”.

Más personas protegidas, pero ¿se frenan los contagios?

Por todo ello, Arenas, como March, es un firme partidario del cambio de estrategia que plantea Sanidad con las vacunas de Pfizer y Moderna. March confía en que, si se opta por retrasar las segundas dosis, “permitirá, sin duda, aumentar el número de personas protegidas con una primera dosis sin retrasar demasiado la consecución de la pauta completa”.

López-Acuña no es partidario del cambio de estrategia ni del enfoque que se le está dando: que ayudará a contener el aumento de los contagios. Las vacunas ayudan a reducir los riesgos de enfermedad severa, hospitalizaciones y muerte para el vacunado, explica el epidemiólogo, pero no evitan que el virus se siga propagando. Al menos, no de forma tan inmediata.

“El argumento de que “como están subiendo los contagios, vamos a vacunar a más personas” es falaz, porque la vacuna no interrumpe el contagio, sino la severidad de la infección. La vacuna va a tener un impacto dentro de meses pero no ahora, tan a corto plazo. Hay una confusión en el razonamiento. Una cosa no lleva a la otra, la vacuna no va a interrumpir la cuarta ola, es una apuesta a futuro”. Cree el epidemiólogo que hay que reforzar la vacunación y, “a la vez, hacer todo lo que se pueda para impedir los contagios, y eso no se hace con la vacuna sino con restricciones estrictas”.