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La parosmia, las alucinaciones olfativas de la covid: “Huelo a tabaco todo el día y no hay nadie fumando”

Nuria Hernández sufre parosmia
Nuria Hernández sufre parosmia

Patricia Perada – NIUS Diario

  • La parosmia es un trastorno del olfato, un fenómeno que hace que los olores y los sabores se distorsionen

  • El 70 % de los pacientes con enfermedad leve de covid sufren algún tipo del trastorno del olfato. De ellos, el 11 % sufre parosmia

  • “Voy todo el día con la lejía en la mano porque pienso que la casa huele a basura, a podrido”, dice una afectada

“Estoy en el sillón y empiezo a oler a tabaco, es un olor fuerte como si alguien estuviera fumando y echándome el humo a la cara, pero en mi casa nadie fuma. Y eso no es lo peor, la mantequilla, el vinagre y el pollo me huelen a vómito. Esto es lo que se llama parosmia y yo la sufro desde el verano pasado”, dice Nuria Hernández, sevillana de 43 años.

“Es un auténtico horror. Hace un año exactamente que tuve covid. Estuve ingresada y aislada más de 30 días y casi desde el principio perdí el gusto y el olfato. Pero fue en verano cuando empezaron a cambiarme los olores y a aparecer olores que no había”, explica Nuria que lleva un año de baja por tener covid persistente. “A veces huelo a óxido, otras veces como cuando algo se pudre, esto me pasa sobre todo con el pollo. Por eso no tengo ganas de comer. Todo me da asco. He perdido 29 kilos, aunque me sobraban, eso también es verdad”, bromea Nuria explicando que vivir sin ganas de comer y con un casi permanente olor a tabaco y podrido no es para bromear.

“Me mareo con los olores, me da miedo calentar la comida. El otro día se pegó todo en la cazuela porque no olía que se estaba quemando, cuando casi siempre a mí me huele a quemado. La sensación es que tu cuerpo se ha vuelto loco”, dice Nuria.

Otro síntoma persistente de la covid-19

La parosmia es un trastorno del olfato, es como tener alucinaciones olfativas, suelen ser desagradables y más complicados de tratar en general. Es un fenómeno que hace que los olores y los sabores se distorsionen “cuando hueles una cosa, detectas un olor que es diferente al real”, explica Juan Maza, otorrinolaringólogo de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL CCC).

Los últimos estudios aseguran, que el 70 % de los pacientes con enfermedad leve de covid sufren algún tipo de trastorno del olfato. De ellos, el 11% sufre parosmia.

Más costoso de curar

No es lo mismo perder el olfato que oler de forma distorsionada. “Es decir, los trastornos de la cantidad (oler más o menos) son fácilmente entrenables, pero los trastornos de la calidad (parosmia) son más difíciles de rehabilitar porque hay que conseguir devolver a la persona los matices de los olores, no la cantidad de lo que se huele”.

“Por eso, curarlo es más costoso, hay que hacerlo de una forma muy personalizada y es posible que no vuelvan a tener el olfato que tenían“, asegura Maza que puntualiza que los pacientes que llevan más de nueve meses con trastorno del olfato tienen un peor pronóstico de recuperación.

Es el caso de Viviana Tafur Salazar, ecuatoriana de 48 años y que vive en Pamplona. Sufre parosmia desde hace muchos meses. “La covid ha cambiado mi forma de comer y mi forma de vivir. No soporto que la carne roja me huela a podrido. Y he vuelto a comer pescado hace una semana después de un año de haber pasado la enfermedad”, asegura.

“Me paso el día con la lejía en la mano y oliendo la caldera”

“La otra noche estaba durmiendo y empecé a oler a quemado muy fuerte, tanto que tuve que abrir la ventana y respirar profundo. Se me cerró la tráquea y no podía respirar, estuve vomitando hasta que me tranquilicé. Mi marido está muy preocupado. Voy todo el día con la lejía en la mano porque pienso que la casa huele a basura, a podrido. Comer carne es como estar en una charca de lodo, es insoportable”, dice esta socio sanitaria que se contagió en la residencia de ancianos en la que trabajaba.

“Los pacientes se frustran. Si a un paciente le da asco oler la mayonesa, yo pienso, esto nos va a costar un poco más”, dice Maza. “Pero hay esperanza, al final se definen los matices y se consigue que mejoren, aunque quizá dentro de unas realidades diferentes de las que ya tenía. Al final olerás a café, pero no como lo olías antes”, asegura el experto que insiste en que hay que tener paciencia.

Eso es lo que le dice su médico a Viviana. Estuvo aislada 70 días, ya que su carga viral era muy alta. Perdió el olfato y el gusto y fue a los pocos meses cuando llegó la parosmia. “El médico me ha dicho que tenga paciencia, pero hay días que no puedo más. Cuando estoy sola en casa me acerco a la caldera porque todo me huele a quemado”.

“He cambiado de pasta de dientes porque me olía a leche cortada”

“Te da lo mismo comer que no comer y claro, no como mucho y estoy siempre cansada. He cambiado de pasta de dientes porque me olía a leche cortada, me iba a lavar los dientes y me daban arcadas”, explica Viviana que asegura que ella con lo que más disfrutaba era con un buen chuletón y una copa de vino.

“Ahora es como si viviera en el mundo al revés. No puedo con la carne y sin embargo me encanta la coliflor y las coles de Bruselas, que tienen un olor muy fuerte al cocer, pero yo ni lo huelo“, cuenta. Así es la vida de muchas personas que tienen parosmia. “Le hecho limón y romero a todo pero a veces ni con esas, solo levantarme de la cama, ya me dan nauseas”, concluye Viviana que espera que con la investigación y las vacunas se le vaya pasando.

Este trastorno no es exclusivo del covid, hay otras causas que lo provocan, como el traumatismo cráneo-encefálico, enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer o el Parkinson y los trastornos psicóticos.