El conflicto armado desatado el pasado 28 de febrero entre Irán, Estados Unidos e Israel ha llevado casi todas las miradas al consecuente aumento del precio en la gasolina y al riesgo de una nueva guerra en Oriente Medio. Sin embargo, más allá de misiles, drones y sistemas de defensa aérea, los ataques también están poniendo de relieve el papel cada vez más protagónico de la inteligencia artificial (IA) en las operaciones militares y en la estrategia de seguridad global.
Los ejércitos han comenzado a incorporar la inteligencia artificial para analizar grandes volúmenes de información, identificar patrones y acelerar la toma de decisiones en el campo de batalla. Recientemente, esta tecnología ha empezado a utilizarse directamente en la planificación de operaciones y en la selección de objetivos, reduciendo el tiempo entre la detección de una amenaza y la respuesta militar.
«La IA permite generar sistemas de defensa o armamento autónomo muy potentes y llevar a cabo acciones que no eran imaginables hace apenas unos años», explica un experto en ciberseguridad. La integración de inteligencia artificial en sistemas de defensa introduce automatización, velocidad de reacción y capacidad de aprendizaje durante el propio conflicto.
El objetivo detrás de estas estrategias es acortar la conocida como ‘kill chain’: la cadena que conecta la vigilancia, el análisis de inteligencia y el ataque. Anteriormente, este proceso duraba horas e, incluso, días, pero con los sistemas automatizados, estas acciones podrían llevarse a cabo en cuestión de minutos. Según los expertos, los sistemas de defensa y de ataque pueden evolucionar durante la propia operación, lo que introduce una nueva dimensión de velocidad y escala en los conflictos.
Además, la inteligencia artificial combina elementos de otras carreras tecnológicas, como la nuclear, pero añade más velocidad y permeabilidad. Esta dinámica está transformando incluso la naturaleza de los conflictos. «La guerra ya no solo acelera la tecnología, sino que la tecnología está redefiniendo la propia guerra», comenta un profesor de Relaciones Internacionales.
### Algoritmos en el Campo de Batalla
Los conflictos recientes también están acelerando el desarrollo de estas herramientas. Ucrania y Gaza están funcionando como un laboratorio en tiempo real para probar estas tecnologías. Israel es uno de los países que más ha integrado la IA en sus operaciones militares. En la guerra de Gaza, el ejército israelí ha empleado plataformas de análisis de datos que combinan información de vigilancia, inteligencia y fuentes abiertas para generar posibles objetivos de ataque.
Sistemas como ‘Lavender’ o ‘The Gospel’ son algunos de los más populares. Estas herramientas aceleran el ritmo de las operaciones, y algunos analistas de la prensa internacional inciden en que este es el objetivo principal: mejorar el tiempo de reacción ante el adversario, y no necesariamente aumentar la precisión de los ataques.
La expansión de la IA también está atrayendo un foco a las infraestructuras tecnológicas. Centros de datos, redes de comunicación o plataformas en la nube son parte del ecosistema que sostiene tanto la economía digital como los sistemas de defensa, por lo que en una guerra híbrida se convierten en objetivos potenciales. Un centro de datos puede albergar información de servicios comerciales, plataformas digitales y sistemas utilizados por organismos públicos, incluidos los de defensa.
De esta forma, en el ámbito de seguridad, la frontera entre infraestructuras civiles y militares es cada vez más difusa. Un ejemplo de esta nueva lógica es la advertencia que Irán ha lanzado contra varias compañías tecnológicas occidentales, como Google, Amazon o Nvidia. Muchas herramientas de inteligencia artificial se entrenan con enormes volúmenes de datos, lo que plantea preocupaciones sobre la privacidad y la seguridad.
### Colaboración Público-Privada y Ciberseguridad
El uso militar de la IA está suponiendo una nueva carrera por el liderazgo. De hecho, el núcleo de la rivalidad actual entre Estados Unidos y China es precisamente la inteligencia artificial. Washington apuesta por una integración rápida en su doctrina militar, mientras que Pekín busca una integración más profunda entre el ámbito civil y el ejército.
Estamos ante el inicio de una carrera armamentística en busca de la IA bélica más capaz y operativa. En el caso europeo, además, entra en juego la dependencia tecnológica. Europa depende de tecnología de terceros y puede estar poniendo en sus manos datos altamente confidenciales o secretos.
A diferencia de otras tecnologías estratégicas del pasado, gran parte de la innovación en inteligencia artificial procede del sector privado. Empresas tecnológicas, laboratorios de investigación y plataformas digitales concentran una parte significativa del conocimiento y la infraestructura necesaria para desarrollar estos sistemas, lo que ha generado un acercamiento con los gobiernos en el ámbito de defensa.
El Departamento de Defensa de Estados Unidos colabora con empresas de IA para desarrollar herramientas de análisis de datos, ciberseguridad y reconocimiento automático de imágenes. Israel también ha integrado su industria tecnológica en la planificación y ejecución de sus operaciones militares.
Además, la expansión de la inteligencia artificial en defensa está teniendo implicaciones directas en la ciberseguridad global. Al igual que estos sistemas pueden analizar redes informáticas, detectar vulnerabilidades o generar códigos, también pueden automatizar parte de las operaciones ofensivas en el ciberespacio. En un escenario de conflicto, esta tecnología ayudaría a atacar infraestructuras críticas, como suministros de energía, reduciendo la barrera técnica y acelerando la capacidad de respuesta.
«Cualquier sector estaría expuesto a ciberataques, especialmente aquellos considerados entidades críticas, cuya afectación podría paralizar la actividad y tener un grave impacto en la vida cotidiana», señala un experto en ciberseguridad.
A pesar de los avances que supone en el sector, expertos en seguridad han comenzado a mostrar preocupación por si estas herramientas, desarrolladas inicialmente para uso militar, pudieran acabar filtrándose y adaptándose en el ámbito criminal.
El despliegue de algoritmos en las operaciones militares también ha generado otro debate: hasta qué punto es aceptable depender de sistemas automatizados para decisiones letales. La mayoría de ejércitos mantienen el control humano en las fases críticas, pero la creciente autonomía de estos mecanismos plantea dudas sobre el grado real de supervisión.
La falta de transparencia y la dificultad para determinar responsabilidades en caso de errores también levantan preocupación. Por el momento, la regulación internacional avanza más despacio que la tecnología. No existe un acuerdo que limite el uso de armas autónomas e inteligencia artificial en estrategias militares.
En el caso de Europa, debería reforzar su capacidad industrial. «Europa debería impulsar el desarrollo tecnológico y apoyar a empresas y emprendedores, superando una aproximación que se basa únicamente en legislar», concluye un experto en ciberseguridad.
