A sus 21 años, Audrey Pascual ha logrado romper todas las barreras del deporte español en los Juegos Paralímpicos de Milán Cortina. En las cuatro primeras pruebas, ha conseguido tres medallas: dos de oro y una de plata. Su imagen, hasta ahora poco conocida, se ha convertido en un símbolo de una generación que puede marcar una época más allá del deporte para personas con discapacidad.
Audrey Pascual, nacida en Madrid en 2004, llegó al mundo con una condición poco común: nació sin tibias debido a una agenesia bilateral. Desde muy pequeña, sus padres decidieron que el deporte sería una parte fundamental de su vida. A los seis meses, comenzó a nadar por recomendación médica, con el objetivo de fortalecer su espalda y musculatura para cuando empezara a andar con prótesis. Sin embargo, su verdadera relación con el esquí comenzó a los once años en La Pinilla, Segovia. En un principio, no le gustaba la idea de depender de un monitor, ya que solo quería disfrutar del tiempo con sus primas sin la presión de la competencia. Todo cambió cuando conoció a la Fundación También, creada por Teresa Silva en el año 2000 para promover el deporte entre personas con discapacidad.
La Fundación fue clave en su desarrollo como deportista. Teresa y su marido, Carlos Rolandi, vieron el potencial de Audrey y decidieron apoyarla. Le proporcionaron el material necesario y, en cierto modo, se convirtieron en sus padres adoptivos en el ámbito deportivo. Durante años, sus padres la dejaban con ellos los fines de semana para que entrenara en Sierra Nevada. Con el tiempo, le asignaron un monitor fijo, Jaime Hernández, quien ha sido fundamental en su carrera. Jaime ha compartido con Audrey alrededor de 150 días al año viajando para competiciones, y ha sabido guiarla en su camino hacia el éxito.
«El deporte es muy sacrificado y hay que saber que vas a perder mucho tiempo de tu vida, pero lo vas a ganar en otras cosas», afirma Jaime. Desde muy joven, Audrey mostró una clara determinación de llegar a los Juegos Paralímpicos, un objetivo que parece inalcanzable para muchos, pero que ella asumió con seriedad desde los doce años. En 2015 y 2016, fue reconocida como Promesa del Año en el Trofeo Santiveri de esquí adaptado. En 2017, ganó una medalla de oro en eslalon y una plata en gigante en el Campeonato de España. Su carrera internacional comenzó en 2019, cuando con solo 15 años, ganó la Copa de Europa en su primera participación.
La culminación de su trayectoria hasta ahora ha llegado en los Juegos Paralímpicos de Milán Cortina, donde ha logrado dos medallas de oro en supergigante y combinada, así como una plata en descenso. Estos logros no solo son un reconocimiento a su esfuerzo, sino que también vienen acompañados de un premio económico significativo. Tras la equiparación de las medallas paralímpicas con las olímpicas en 2024, los oros equivalen a 94,000 euros y la plata a 48,000 euros. En total, Audrey ha acumulado 236,000 euros, de los cuales debe tributar un 19%. Su entrenador, Jaime, también recibe una parte de estos premios, lo que refleja el esfuerzo conjunto en su camino hacia el éxito.
La inversión realizada en Audrey desde que comenzó en la Fundación También se estima entre 400,000 y 450,000 euros. Sin embargo, tanto Teresa como Carlos están convencidos de que el esfuerzo ha valido la pena. «Puede marcar una época porque a Audrey le quedan varios ciclos paralímpicos», asegura Jaime, quien es consciente de que estos Juegos representan un antes y un después en la vida deportiva de su pupila.
A pesar de su éxito, Audrey mantiene los pies en la tierra. Su familia, compuesta por sus padres Quique y Laura, su hermano Diego y sus amigas, es su principal apoyo. Ella entiende que el deporte es importante, pero también lo es la educación. Actualmente, estudia el Grado de Comunicación Audiovisual en Granada y se esfuerza por mantener sus estudios al día. «Espero que venir a los Juegos sea una falta justificada y cuando vuelva a clase no haya problemas por no haber entregado alguna práctica», bromea. Para ella, la familia es un pilar fundamental en su vida, y el triunfo no se le sube a la cabeza, aunque su ambición es máxima.
«Con estos éxitos me acuerdo de mi familia, que me ha apoyado un montón de tiempo, y de mi abuelo, que decía que había que ser la ‘number one’. De hecho, él me llamaba ‘number one’, así que por fin lo soy y me estará viendo desde el cielo», declara emocionada. En Granada y en Sierra Nevada, Audrey ha encontrado su refugio. Esta región, conocida por su belleza natural, también ha sido cuna de grandes deportistas. Ejemplos como María José Rienda, la esquiadora española con más victorias en la Copa del Mundo, y Ana Alonso, medallista en los Juegos Olímpicos de Milán Cortina, son solo algunos de los referentes que inspiran a Audrey.
Las montañas de Sierra Nevada, imponentes y majestuosas, son un reflejo de la belleza que también se encuentra en los Dolomitas, donde se celebran los Juegos Paralímpicos de Milán Cortina. Este evento no solo marcará la historia del deporte paralímpico, sino que también quedará grabado en la memoria de Audrey Pascual, quien, con su talento y dedicación, ha demostrado que no hay límites para alcanzar los sueños. Su historia es un testimonio de superación y un ejemplo para futuras generaciones de deportistas, mostrando que con esfuerzo y apoyo, todo es posible en el camino hacia el éxito.

