Hoy debíamos estar mejor que hace una década, pero no es así. En la Cumbre del Clima de París de 2015, se acordó que todos los países se comprometerían a reducir sus emisiones contaminantes generadas por el consumo de combustibles fósiles. Sin embargo, tras diez años, la realidad es que el planeta demanda hoy más petróleo y sus derivados que en 2015. Según datos de agencias internacionales, en 2015 se consumieron 3.761 millones de toneladas de productos petrolíferos. Una década más tarde, al cierre del año pasado, el balance mundial alcanzaba los 3.974 millones de toneladas, lo que representa un incremento del 5.8%. Este aumento es especialmente notable en países como China e India, cuyas economías han crecido de manera exponencial, generando una demanda energética que no siempre se satisface con fuentes renovables.
### El Aumento del Consumo de Combustibles Fósiles
El caso de China es emblemático: en comparación con 2015, el gigante asiático consume hoy un 42% más de derivados del petróleo. India, por su parte, ha incrementado su consumo en un 27%. Estas dos potencias, que representan el 43% del total de las emisiones contaminantes del mundo, han activado vías para avanzar en el desarrollo y empleo de fuentes renovables, pero el aumento del consumo de combustibles fósiles sigue siendo una realidad preocupante.
En contraste, en países como España, la apuesta por las energías renovables ha permitido reducir significativamente el consumo de combustibles fósiles. En 2024, España consumió 48 millones de toneladas de derivados del petróleo, una cifra que ha ido disminuyendo en comparación con años anteriores, como 2004 y 2007, donde el consumo alcanzó los 67 millones de toneladas. Sin embargo, la dependencia de los derivados del petróleo y el gas sigue siendo alta, lo que plantea un desafío en la transición hacia un modelo energético más sostenible.
A nivel global, las energías renovables han comenzado a ganar terreno, representando actualmente el 32% del mix energético. En países como Brasil, Chile, Colombia, Canadá, Nueva Zelanda, Suecia y Noruega, la presencia de energías limpias supera el 60%. En el caso de España, este porcentaje fue del 57% el año pasado. Sin embargo, entre los seis mayores consumidores de productos derivados del petróleo, cuatro han incrementado su consumo en esta década. Japón y Estados Unidos son las excepciones, aunque su reducción ha sido desigual. En Estados Unidos, el recorte en una década es de apenas un 1.75%, mientras que Japón ha logrado una reducción más significativa, pasando de 171 millones de toneladas en 2015 a 129 millones en la actualidad.
### Desafíos y Oportunidades en la Transición Energética
El crecimiento del consumo de combustibles fósiles en Asia es alarmante. Entre 2010 y 2019, el consumo creció a una media anual del 1%. Sin embargo, en 2023, China experimentó un crecimiento del 11% en su consumo de derivados del petróleo. Otros países asiáticos, como Vietnam y Filipinas, también han visto incrementos significativos en su demanda energética. Por el contrario, Europa ha avanzado más en la descarbonización, con un consumo de 540 millones de toneladas el año pasado, un 4.7% menos que hace diez años. América del Norte y América Latina también han reducido su consumo, aunque en menor medida.
Las emisiones contaminantes siguen siendo un problema crítico, especialmente en países como China, donde la economía en constante crecimiento se apoya en energías convencionales. En 2024, China emitió 11.950 millones de toneladas de CO2, mientras que India emitió 3.219 millones de toneladas. En comparación, Estados Unidos alcanzó las 4.416 millones de toneladas, Rusia 1.659 millones, Canadá 520 millones y España 202 millones.
La transición hacia un modelo energético más sostenible es un desafío que requiere un compromiso global. A pesar de los esfuerzos realizados en la última década, los resultados no son los esperados. La falta de un marco regulatorio efectivo y la dependencia de combustibles fósiles en economías emergentes dificultan el avance hacia un futuro más limpio. La necesidad de una colaboración internacional más efectiva y de políticas que incentiven el uso de energías renovables es más urgente que nunca. La lucha contra el cambio climático no solo es una cuestión ambiental, sino también económica y social, que afecta a todos los países del mundo. La próxima década será crucial para determinar si se pueden revertir las tendencias actuales y avanzar hacia un futuro más sostenible.

